La ley sin Ley

Buenas tardes, ¿qué hay cuando nadie mira?

Hagamos un ejercicio. Imaginate ser un policía de la provincia de Santa Fe, encontrarte en un procedimiento, interceptar un camión con cocaína, llamar a tu superior y que este te diga que hagas la vista gorda porque sino podés comerte un traslado a un pueblo inhóspito como castigo, ¿con quién te quejarías?, es más, ¿lo harías?

Esto pasa, pasó y pasará. La fuente existe pero pide cautela. 

Hay un proyecto de país post-dictadura. La verdadera derrota. Decir que la democracia alfonsinista le ganó a los militares es admitir este presente.

Como escribe Silvia Schwarzböck en su libro Los espantos: “del 84’ en adelante el discurso sobre los Derechos Humanos contra las Fuerzas Armadas ganó como ismo para perder como real. Así se puede abrir a toda la población el extenso manto de piedad que representa el buenismo. No hacer nada con los malos”.

Lo que queda es vox pópuli. Los verdes no, los blancos sí. La realidad por lo bajo: no habrá modificaciones profundas sobre la construcción de las FFAA. Será el juicio su castigo, ese Nunca Más y Nada Más. Lo mismo se dará también con otro de los poderes, el Judicial, que tampoco será modificado luego del logro de la conquista ejecutiva de la política.

A diferencia de Colombia y Brasil, en nuestro país, la policía es una fuerza de seguridad que no es parte de las fuerzas armadas. Esas son las delimitaciones entre el marco normativo que regulan la Ley de Defensa Nacional, de Seguridad Interior y de Inteligencia, que es un proceso de la democracia: 1988, 1991 y 2001, respectivamente. Recién reglamentadas por Néstor Kirchner. Es un punto importante para entender la relación democracia-policia-fuerzas armadas, o seguridad-defensa-inteligencia.

De esa manera, uno entiende que militares y policías no son lo mismo, pero el botón para el ismo se mezcla y se confunde. Desde el 88’ hacia delante, la única fuerza legítima que quedaba en ese momento cara a cara con la sociedad que se construía, era la policía, en sus distintas vertientes.

Hay una deuda pendiente de la democracia que es la relación con quienes custodian su orden, protegen a sus habitantes y mantienen la paz social.

Entre esas deudas aparecen las preguntas: ¿qué son los policías? ¿trabajadores? ¿funcionarios públicos? ¿cómo están formados? ¿con qué derechos cuentan?

El hilo del ovillo. La escena: el policía santafesino de la post-dictadura es un policía formado bajo una ley del año 1975, vive en condiciones laborales anteriores a los derechos del artículo 14 bis. La cana de hoy, está construida bajo las lógicas de la clandestinidad que quedaron del para-estatismo del golpe, es decir, sigue siendo oscura, oculta e irregular, lo dice esa ley forjada en los albores del golpe, y lo subraya su situación material de extrema precariedad. Una encuesta del año 2020, comenta que el 81% de los 4485 uniformados de la Unidad Regional II se consideran mal pagos y les gustaría agremiarse.

La propuesta del alfonsinismo social como pacto histórico puede existir a costa de un trueque: los Derechos Humanos ganarán como Palabra, serán la hegemonía del buen decir. Pero en su fondo, en la escritura, en el papel y la firma, transcurrirá un mundo donde el Ejército será un tabú y la Policía existirá bajo condiciones simalares a la esclavitud. Del orden injusto al desorden total. Foto en la Plaza y siga, siga. 

Surfeando la página web de APROPOL, uno de los “sindicatos” de la Policía santafesina, aparece la reminiscencia paranoica a la época del Proceso. En una nota del 12 de septiembre de este año se recuerda: hace 46 años Montoneros asesinó a nueve policías y dos ciudadanos. Dime qué recuerdas y te diré quién eres, cuéntame en qué momento histórico dialogas y te responderé qué tan alejado estás del presente. Retrátame como diferencias y te diré qué no distingues.

En el año 2020 hubo otro ejemplo claro. Las bases policiales se le plantaron al gobierno en plena pandemia, para Berni, en ese momento, Mariana Lorenz, retrata que los policías no eran ciudadanos, sino héroes para el ministro bonaerense. Y el Covid-19 el enemigo interno a combatir. Este relato y el recuerdo de los mártires de APROPOL suenan parecidos.

Las fuerzas como salvataje. Primero el país, después sus costos. El real mayor: los policías desde los 80, aunque no se los considere como tales, se perciben como trabajadores y funcionarios públicos. Así aparece el problema de la representación en tensión con la misión. Si el poder ejecutivo no logra fomentar una relación donde la Policía pueda ingresar dentro de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo, no habrá forma de verlos como en este momento se perciben.

Repitamos el ejercicio. Imagínate ser un penitenciario. Tener un turno de 36 horas o más de jornada laboral por 96 horas de descanso. Y al mismo tiempo convivir con los cabecillas de las organizaciones narco criminales más grandes de la región, con condenas surrealistas de más de 150 años de cárcel. Y que vos sepas que si les conseguís un celular para sostener el negocio podés ganar en un día lo mismo que en un mes ¿qué harías?, ¿cómo construirías un “no” en ese entramado de connivencia y convivencia?

En la primera y última situación nombradas anteriormente, el policía no se encuadra dentro del mundo del trabajo al que responde. Este debate es donde distintas figuras discursivas y a su vez legales, se ponen en tensión. Se abre el gris: un silencio donde se encuentran en este momento las cosas. 

En esa indefinición, sobrevive el más fuerte: lo irregular establecido. El material se construye bajo la connivencia de un comisariato atomizado. No hay un jefe. Mano a mano y después vemos. Al no haber línea de mando definida, hay jerarquías disueltas. Por lo tanto, no hay un arreglo único que ordene, sino muchos arreglos desorganizados. 

A esto se le suma el presente de reconfiguración en materia de derechos laborales para toda la sociedad en su conjunto. El combo es singular y explosivo: a la Policía se le suma la clandestinidad como estado mental en una provincia donde la realidad delictiva no da para bollos.

El intendente Pablo Javkin sostuvo en distintas declaraciones públicas la necesidad de la construcción de penales de máxima seguridad para que sucesos como los nombrados anteriormente no acontezcan. Sin embargo, hay algo que sucede en la praxis política que se traduce como impotencia: sus soluciones estructurales van a contratiempo de lo realizable. No sólo de buenas intenciones se vive. 

Mejorar las condiciones de las cárceles, empezando por sus celadores, es decir, sus trabajadores, podría ser un gran paso antes de la construcción de un penal al estilo Guantánamo en una ciudad donde los cadetes de policía tuvieron que desalojar la escuela por contagios de sarna.

Durante el macrismo, el revival neoconservador del alfonsinismo, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en abril del 2017, falló en contra de la creación del sindicato policial Buenos Aires. ¿Por qué? Se cita: “si bien dichos tratados reconocen en principio ese derecho a las fuerzas policiales, también permiten que la legislación interna de cada país restrinja o incluso prohíba el ejercicio de derechos sindicales”

En este país parece que no hay forma de que la policía se sindicalice si el poder judicial no se actualiza. Aunque los de afuera digan que sí, los de adentro son de palo. 

Igualmente, hay otras formas, menos épicas, pero más honestas y realizables. La legisladora Matilde Bruera, con el apoyo de las diputadas Paola Bravo y Lucila De Ponti, propusieron un proyecto de ley que habilita la agremiación del personal policial y el Servicio Penitenciario Provincial (SPP), bajo el título “Estatuto Laboral para los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley”

Las bases del proyecto son interesantes, constan de cuarenta y seis artículos y un fundamento. Veinte páginas de Word. Media hora de lectura. En el mismo, se da como ejemplo la diferenciación con otras fuerzas a nivel nacional e interprovincial: “Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y CABA cambiaron el diseño de la formación de la policía. En Santa Fe todavía se conserva la Ley Orgánica Policial del 1975, en los albores de la dictadura. Mantener el orden público ante las manifestaciones subversivas.

Cuando uno observa por televisión a la PFA, ve jóvenes de clase media baja, bien vestidos, uniformados, con chaleco, gorrita y handing. A veces con IPhone, buenos equipamientos, buen porte, comidos, corporalmente fornidos. De alguna manera, parecen Policías que dan ganas de que te resguarden. No es lo mismo ver a un pibe que hace guardias de 48 horas motorizados en Oroño cansado de vivir, jugando al Candy Crush, que a una persona con ganas de hacer lo que nadie tiene ganas de hacer: trabajar con un arma a cuestas.

Una policía democrática es una policía que se rige más allá del fantasma de la dictadura. El país, la provincia y la ciudad, no necesitan funcionarios que propongan cambiar la realidad de una vez y para siempre. Necesita gente que se haga cargo de lo que pasa mirando de frente al pasado. De arriba y para abajo: la Policía provincial necesita un orden, y no cualquier orden.

El sindicato en sí, es eso, ¿cómo se cuida un trabajador por su propia condición de trabajador? Es decir: ¿cómo le hace frente a su lugar en el mundo social? Hobbes lo dijo. Si el hombre es el lobo del hombre, la policía es el lobo de la policía. En fín, si aquello que no se legisla explícitamente para el débil, se legisla implícitamente para el fuerte, todo seguirá igual. Esperemos que algo cambie. 

Nos vemos el lunes que viene. Poesía siempre, policía sí, vigilantes jamás.

Discursos de ¡Oh, Dios!

Hola, estamos a una semana de cumplir medio año. Si estás del otro lado leyéndonos, te agradecemos mucho. Durante este mes vendrán nuevas noticias, pero antes de apresurarnos, esta es nuestra cuarta editorial. Sin más preámbulos, acá va.

Oda a la tradición

Durante el mes de septiembre la agencia de mediciones Kantar Ibope Media va a registrar cuáles son las emisoras más calientes en el termómetro radial. Los principales conglomerados de medios están dándolo todo para quedarse con el numerito ganador. Es la última copa, antes de la de Qatar 2022.

En una misma cuadra Cadena 3, la Boing, LT8, Radiofónica y Radio 2 hacen eco de su poder mediático. Después de 23 años, el gran pacto de silencio sobre quiénes escuchan, ¿llega a su fin? La emisora cordobesista puso la encuesta al servicio de su desembarco. La opinión pública, se sabe, no existe. La radio ya no es lo que era, pero sigue siendo. Sobre todo porque en el vetusto esquema de reparto de pauta pública y privada, las ondas siguen cotizando más que el papel y la tevé. Ni hablar de los clicks. Dime quién te financia y te diré quién eres.

Así se entiende que, sin datos todavía, la encuesta nazca exitosa: ya dejó expuesto el poder de fuego de cada multimedio. Cada uno sale a la calle a mostrar sus ejércitos. Los vehículos, los músculos, los fierros. La ciudad empapelada no sabe quién tiene el caballo ganador, pero sí por dónde rumbean las apuestas. En Uganda, más importante que lo que pasa, es lo que se dice que pasa.

A esto hemos llegado

Cuando a los ugandeses se les pregunta por los medios de comunicación, responden basándose en juicios morales bien definidos. Para el público, hay un valor que escapa al negocio. Predomina una voluntad de pertenencia. Se es oyente de Radio Boing como se es hincha de Argentino de Rosario o de Central Córdoba. Miguel Ángel Tessandori despierta tantas -o más- pasiones que Juan Carlos Baglietto. 

En cambio, cuando se les pregunta a los trabajadores de esos medios cuál es su relación con estos, todos se encogen de hombros. Hay tantas respuestas como periodistas existen. Es que en el fondo persiste un ellos y nosotros marcado entre “el periodismo” y “la gente”.

Hace ya rato que los grandes conglomerados se resignaron a la teta de la publicidad. Ningún empresario mediático ugandés que esté en su sano juicio contempla en su esquema de negocios al público. Este apenas le interesa como número en una planilla. 

La encuesta de Ibope plantea una bella cinta de Moebius para los que la miramos de afuera: los medios que viven de la pauta se ven obligados a pautar con el objeto de conseguir más pauta. Este laberinto de espejos plantea otro: ¿qué fue primero, la audiencia masiva o la masa publicitaria?

¿Alguien sabe cuál es la línea editorial de La Capital? ¿Qué directrices de contenido se trazó Canal 5 en su refundación como Telefé Rosario? El que diga que sí, miente. Porque la línea es la de quién da más.

Ovidio Lagos fundó un diario para defender una idea. El estudio de abogados Casanova, Mattos & Salvatierra gestionó la compra del mismo diario para fortalecer los negocios de sus clientes. Guiados por la necesidad y la costumbre, los medios ugandeses caminan el sendero entre la consultoría, el marketing y las campañas.

Así se entiende que los trabajadores y gerenciadores de medios son quienes más necesitan de la existencia del Círculo Naranja. Porque ella los justifica. Y los ampara. Sin él, serían simples cobradores, meros copipasteros. Trabajos que un pasante hace por un tercio de su sueldo.

Por eso es que los periodistas dejan de lado la información y se vuelcan a la performance. Autocultivan su personalidad, hasta rozar la parodia. Generan contactos superficiales, pero asiduos, con figuras importantes de la política, el deporte, las universidades y la economía. Trabajan en la redacción y después siguen trabajando en Twitter. Nada de esto lo hacen por vanidad, aunque también exista: se trata de lisa y llana supervivencia. El mayor o menor éxito en esa puesta en escena, determinará, con su continuidad laboral, los amores y odios del público. 

Un lugar en el mundo

Hay algo peor que mentirse a uno mismo: creerse demasiado. La sobreexplicación se volvió un antídoto contra una realidad que no conforma a nadie. 

En la cancha principal de lo Nacional, los medios en pose de combate dejaron de informar. Ahora son apasionados explicadores. En campaña permanente para fidelizar a los propios, Gobierno y Oposición celebran a sus heraldos oficiosos. Encumbran sus argumentaciones. Repiten su teoría general del Orden y el Desorden. En la cancha auxiliar de Uganda, aún se conservan rituales más humildes. El uso mediático se acerca a la costumbre de la necrológica y la crónica delincuencial. En Uganda, la batalla está en la calle. Y no es cultural, es existencial.  

Como muestra, basta el ejemplo del Atentado fallido contra la vicepresidenta. Desde los medios opositores nacionales, engendraron sus cizañas. Y la respuesta oficial fue beber el remedio de los discursos de odio

El explicacionismo mediático, de un lado y del otro de los fenómenos, perdió la marca de una mayoría social que no quiere darle tantas vueltas a lo que vive todos los días. Y la baja operatividad política de esas teorías le saca rédito a las exclusiones mutuas. La grieta es una batalla de ideas que se combate entre intereses nerviosos. El espectáculo de amor de la intelligentzia por sus ideas. Tiene lógica: viven de eso. 

En nuestro pago, sucedió lo contrario. En el ecosistema de medios, el repudio fue tibio, pero unánime. Los periodistas, por primera vez, no sumaron espejos a la lógica del espanto. En cambio, la que no estuvo a la altura fue la Política. Una concejala stalkeó a un compañero de banca hasta encontrar un like maldito. Amalia Granata quiso crear su propia novela dentro del culebrón y casi le cuesta el cargo. Mientras tanto, en las filas de los almacenes y en los grupos de Whatsapp se repetía un chascarrillo irónico: “si el gatillero era ugandés no le erraba”.

Las encuestas muestran que no se cree en el fallido magnicidio. O que se prefiere pensar en otra cosa. Y no hace falta una investigación muy acabada para saber que la gente anda preocupada por la inseguridad y que hasta el consumo dejó de ser una válvula de alivio. Está en cero la tolerancia a la escucha. 

En esos mismos relevamientos, los medios también juegan la promoción en la tabla de la  credibilidad. Los estudios de opinión arrojan conclusiones inescuchables para todos. Siempre hay una cantidad mayor que es presa o víctima de algo o de alguien. La fisonomía del enemigo se vuelve difusa: el odiador puede ser cualquiera. Y eso sucede porque todos los corazones andan demasiado frágiles.  

Desde acá, que no es allá, pero tampoco es tan lejos, la lógica del amor y el odio no se transmite desde la viralidad mediática. Uganda es la ciudad que mata por dos mangos. La patria movilera va hacia los hechos y declama no incitarlos. Pero para que un árbol haga ruido al caer, es necesario que haya alguien escuchando. O al menos un micrófono y una cámara reproduciendo el derrumbe hasta la náusea.  

El odio como instrumento político es tan viejo como la injusticia. O la violencia. Una de sus formas principales es acusar a la gente, diciendo que se la cuida. Y a la intemperie, en medio de la malaria, cualquier renta moral, por mínima que sea, es salvadora. De cualquier bando puede cometerse una locura. Por eso, en el caos, resultaría tranquilizador descubrir una operación de servicios, y no la simple autoría de un grupito de audaces.

Pero la crisis se ve desde afuera, no desde adentro del Círculo. Los politizados hablan sobre politizados. Y así como se reclamó gobiernos que se parezcan a sus gobernados, las ideas mediáticas se parecen demasiado a sus audiencias. En el encapsulamiento de las dirigencias, los medios son las membranas. A los que más le importa la polarización es a los que están polarizados. Es que el problema nunca fueron los discursos de odio, sino las condiciones de vida.

Eu quiero tener un millón de nichos

En Uganda, el periodismo se mide entre años pares e impares. Electorales sí, electorales no. Hace unos días, uno de los integrantes de este medio, se reunió con un periodista de la ciudad para charlar sobre el ecosistema. 

En off, nos comentaba: para tener esta casa tuve que poner la trucha más que lo que me hubiese gustado, había años electorales que hacíamos programas de entrevistas a políticos solamente para que paguen los minutos al aire, con eso hacíamos lo que no podíamos hacer con este oficio, es decir, vivir bien, ganar guita, tener un patio, un quincho, no mucho más, no soy lujurioso. Ahí, la pregunta se responde sola: a la precarización el periodismo ugandés le responde con la pautización. 

En las bases mediáticas siguen en pie los afiches que recuerdan la hazaña de la Ley de Medios. Hecha la ley se consumó la trampa. Todo quedó o parece haber quedado en eso: solo una lágrima. Cuando se agitan los avisperos de las cuestiones sociales, vuelven a volar las avispas en el aire. Un zumbido hecho reclamo que exige más lugar para las “otras” voces. Que si se les hubiera dado antes, esto no hubiera pasado. Que si la pauta estuviera mejor dividida la enésima batalla cultural ya se habría ganado. Lo cierto es que no se sabe, porque nunca se intentó. 

¿Para quién canto yo entonces?, se preguntaba Sui Generis. ¿Para quien comunican los medios ugandeses? ¿Hay alguien ahí que quiera escuchar? 

Proteína nacional

«Los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política».

Papa Francisco

A principios de la década del setenta, la Argentina llegaba al límite de la industrialización por sustitución de importaciones. Aún se discute si el modelo se agotó o lo agotaron de prepo. Pero aquella sociedad de pleno empleo y movilidad social ascendente vio de frente los primeros signos del desfallecimiento. 

Por entonces, la agricultura se había mecanizado y empezaban a aparecer los híbridos de laboratorio en la genética vegetal. Todavía tenía sentido hablar de la estructura productiva desequilibrada y el antagonismo entre industria o campo, vida urbana o rural, agroexportación o mercado interno.

La agonía de la dictadura de Lanusse se expresaba en el rejuvenecimiento de la política que ensanchó al peronismo por el lado de sus juventudes. La vuelta de Perón continuó la Hora del Pueblo y el intento de un modelo de desarrollo sobre la base del Pacto Social. Pero estaba en medio de un mar de contradicciones. Eso duró poco, y mayormente es triste y conocido.

Lo que acá nos interesa es otra parte de esa historia.

En 1973, ante el derrumbe de las anchovetas peruanas, la principal fuente de harina para los alimentos balanceados a nivel mundial, la harina de soja emergió como un sustituto directo.

El secretario de Agricultura del gobierno peronista, Horacio Giberti, y el subsecretario, Armando Palau, recibieron a Ramón Agrasar. En 1956 este ingeniero había fundado la empresa Agrosoja en Coronel Bogado. Hasta entonces la soja era una curiosidad botánica que solo se había utilizado como hortaliza en Misiones y Santa Fe durante los años 30.

A fines de los cincuenta, la región había abandonado el lino por motivos sanitarios, el girasol por las hormigas y el sorgo porque limitaba al maíz. Como Agrasar había estudiado en Texas y Harvard, envió unas 30 bolsas para campos experimentales de Pueblo Navarro. Para 1960, en la fábrica de Vasalli, en Firmat, modificaron la cosechadora Pluma para adaptarla a la soja. Y cuando los productores debieron cobrar los granos entregados, Agrosoja no pagó. La empresa quebró y se llevó puesta la confianza en el cultivo. Ese delito original marcaría el futuro de las percepciones políticas sobre el cultivo.    

En los primeros años setenta, en el país reverdecía la democracia, pero la crisis global resaltaba los límites del modelo industrial e imponía el rediseño de su patrón de crecimiento. Había que adoptar una visión estratégica y ofrecer al mundo una harina sustituta y una vía de agregado de valor a la producción primaria. Giberti y Palau tomaron una decisión: un avión Hércules de la Fuerza Aérea despegó hacia los Estados Unidos y trajo 80 toneladas de variedades precoces. 

Las semillas se multiplicaron y se distribuyeron para su uso en la siguiente campaña. De 79.800 hectáreas sembradas se llegó a 1.200.000 en 1975, y en los primeros 10 años se superaron los 2 millones de hectáreas. El rendimiento fue de menos de una tonelada por hectárea en 1960 a más de dos en 1980. La soja nacía en la Argentina como cultivo industrial y con una fuerza de desarrollo inédita.

Hasta 1995, la soja ocupó 6 millones de hectáreas y alcanzó los 12 millones de toneladas. Entre 1995 y 2008, la producción de granos, con la soja como puntal, se duplicó: de 50 millones a 100 millones de toneladas. Ese es otro momento bisagra en la historia de amor entre el peronismo y la soja. Pero conviene no adelantarse. 

Cuando el Hércules trajo las semillas, faltaba poco para el inicio de la campaña de 1973. Para introducir el cultivo, el INTA creó el Programa Nacional de Soja y produjo una película en 16mm. Se organizó una red de ensayos de evaluación de variedades y Agricultores Federados Argentinos imprimió en Casilda un folleto con información destinado a los chacareros. El objetivo era incentivar la soja de segunda sembrada sobre trigo y promover el uso de rastrojo para la alimentación animal. 

Al tener otros requerimientos tecnológicos y abrir la posibilidad de dos cosechas anuales, la soja acarreó beneficios en el manejo de la producción, duplicó la superficie y elevó significativamente los ingresos.

En la pampa húmeda, la industrialización se dio con talleres de maquinarias agrícolas y la aparición de fábricas, laboratorios, comercios y asesores técnicos. Al aumentar la necesidad de potencia, la mecanización se intensificó para lograr sembradoras y cosechadoras con capacidades múltiples, lo cual demandó una mayor preparación técnica, conocimientos y tareas de seguimiento para el uso de las maquinarias y la gestión de malezas y enfermedades.

El crecimiento productivo se fundamentó en la investigación científica e innovación tecnológica y dio arraigo al complejo aceitero en la región. Se instalaron molinos y plantas de acopio, se complejizó la logística comercial y el transporte, se hicieron obras de infraestructura estratégica y se abrieron terminales sobre el Paraná, proliferaron los servicios portuarios, la asistencia técnica y las capacitaciones, y se incorporó al sistema productivo una camada de ingenieros agrónomos formados al calor de las actualizaciones.

Entre 1958 y 1972 se habían desarrollado las técnicas de cultivo que dispararon ese primer boom sojero y peronista. Lo que hizo Giberti fue un mínimo gesto que definirá para siempre la conflictiva relación entre peronismo y soja: interpretó su época. Pero las historias de amor entran en senderos oscuros y peligrosos. Y acá la miramos desde Uganda. Donde la dependencia mutua rápidamente se volvió desencuentro. 

Lo que vino después siguió el curso de las alteraciones históricas. Es que por debajo de la cultura está siempre el suelo. El apoyo espiritual que es algo más que lo que se toca, se ara, se absorbe, se pesa. Es el arraigo, toda la universalidad posible. La dictadura instaló un momento de suspenso, donde la vigilia del peronismo cobró sentido de supervivencia. La “revancha oligárquica” pronto se convirtió en fracaso. La valorización financiera depredó hasta las cosechas. 

La derrota peronista de 1983 parecía inaugurar otro ciclo político. Pero la suba de tasas norteamericanas y la crisis de deuda fueron letales para los commodities. Y la agonía alfonsinista le abrió un hueco de vitalidad al peronismo. Aunque la Renovación no se preguntaba por la soja, sería el inició de una nueva etapa de esa pasión inconsumible. Esperaban años de reconciliación y euforia.     

Y si lo que dice Astrada en Metafísica de la pampa es cierto y en Uganda un silencio vacío ronda nuestro saber, la prueba está en el desconocimiento alegre del suelo en el que estamos. La soja que nos rodea es uno de los signos rúnicosen la “infinitud monocorde de la extensión”

Al ver a la Argentina por dentro, a veces no podemos detectarnos nosotros mismos ¿Cuál es la disposición anímica que se le impone al peronismo santafesino? “El vago contorno pampeano es el contorno mismo de nuestra intimidad”, podría decir cualquiera de sus dirigentes. Esa es la historia que buscamos. 

La idea es no hacerla tan larga. El tiempo prevalece al espacio. Y ya tendrá lugar el presente. Lo bueno es que, pese a todo, algunos amantes nunca extinguen su pasión. Eso quiere decir que tenemos más historia por contar.

Nos leemos la próxima. 

Una bandera blanca

Buena siesta. Esperamos que andes bien. 

Nosotros estamos de celebración: cumplimos 4 meses. En paralelo, la otra Uganda, la de carne y hormigón, festejó el viernes pasado su 170 aniversario como ciudad.

Hoy queremos remontar un río muy explorado. Al menos en su superficie, porque el barro que se asienta por debajo raras veces se remueve. Hablamos de la identidad ugandesa. Y de cómo esta deviene en una humotopía: la Ciudad Autónoma.

Empecemos.

Tengo une amigue en la Muni 

Nadie es más argentino que un porteño en el exilio. Nada es más cordobés que uno fuera de Córdoba. Pero cuando un ugandés se va, su identidad se borra. Copia la tonada, los modos, la ideología, de su nuevo lugar de residencia, y se diluye ahí. Uganda es Narnia: al salir del ropero se la olvida.

¿Cómo pasa esto? ¿No hay una forma de ser en Uganda? Después de todo, ahí están sus íconos e índices, que cualquier otro argentino reconoce: el carlito y la cocaína, el fervor futbolero y la impostación artística, la industria y el comercio, el progresismo y las mafias. Pero ninguno de estos íconos es de acá. Lo estrictamente ugandés es la combinación aleatoria de todos ellos a la vera del Paraná, y su posterior exageración. Y el único actor político con musculatura y vocación para ordenar ese revuelto es el Estado. 

Así como en la primera mitad del siglo XX el Estado nacional se puso a la cabeza de la industrialización, en las últimas décadas la Municipalidad se colocó como marca y motor de la identidad ugandesa. El fracaso de la Coparticipación Nacional es una regla donde el federalismo se interpreta según el lugar. Un país, veintitrés sistemas. Pero ninguno con margen propio.   

Para que un gobierno local se transforme en la Muni tiene que sacarse el lastre comunitario. De la aldea al gobierno local, y del gobierno local a la Muni es la malformación de la Ciudad Grande que no deja de ser un pueblo con gigantismo. Y ayuda mucho el separatismo globalista que se adueña de las almas del sector privado. 

Nuestra ciudad supo tener un saludable ecosistema de vecinales y clubes que convivían con el Estado municipal y diversificaban la forma de ser ugandés. Pero la volvían una identidad inasible, demasiado volátil. En su agonía, quedaron marcados los dedos municipales. 

Una vez constituida como única actriz civil en el tablero social, la Muni procedió a domesticar al resto. Compró, suprimió o pactó con quien fuera necesario. Como Tlön, la Municipalidad se volvió el mundo. Se entiende así que la Autonomía se exija como un derecho, aunque no exista en el campo de la necesidad.

Para seguir sosteniéndose, Uganda tiene que cortar las amarras que ponen en juego la identidad fabulada, y que la atan a otra más grande. La Ciudad Invivible no quiere ser más parte de una Provincia que fue Invencible, y que hoy es Invisible. 

Autonomía is the old new wave

Después de la Batalla de Pavón, Urquiza le encomienda a Ovidio Lagos inventar un lugar. En la trama, aparece la voz, el locutor del relato que nos hizo. La Capital, el diario más antiguo del Interior, y expresión decana de un deseo frustrado. Porque al proyecto de transformar a Uganda en el contrapeso de Buenos Aires, se lo comió La Nación, el nuevo narrador de la historia del país. 

Unos años después, ya parte de la Argentina integrada por Mitre y Roca, se hace la primera elección a intendentes de 1884. De los doce candidatos, sólo uno era de la ciudad. No era una cuestión de regulación, era una lucha por las oportunidades infinitas. Esa ambición, transformó al caballo en su corcel. Las anteojeras por la independencia hicieron estragos por la pertenencia. Esta piedra fundacional está en el pecho: Uganda tan sólo es un lugar. Sin Santa Fe, es un bloque de hielo.

A Uganda, el delirio de grandeza la llevó a ser lo que es. La provincia está dividida en dos circunscripciones, el Sur y el Norte. Y a Uganda le importa su salida al mar. Está incómoda en Santa Fe. En 1893, después de la segunda revolución radical, los ugandeses ocuparon la capital por unos días. Después de ahí, la puja de siempre: lo santafesino atrasa. Pero jamás, la pregunta fue inversa: ¿no será que las alas livianas del progreso ugandés generan ansiedad a una provincia con raíces hondas?

En el año 2004, una nota de Infobae salió al título: en un recorte poblacional de cuatrocientos casos, seis de cada diez ugandeses estaban de acuerdo con separarse de la capital. Lo llamativo, el 80 por ciento de los votos positivos eran de mujeres. Un clima de época. Mi cuerpo, mi jurisdicción. El derecho por la autonomía de los cuerpos se prolonga a los territorios. Y del territorio al poder. La búsqueda de la tierra propia. Todo lo que existe y es causa justa, en algún momento puede confundirse. No es lineal pero es historia.

En el mes de abril del año siguiente, en Coronda, el rito del ritual. La venganza se sirve fría pero se torna perversa. La herida que no cierra. En la Unidad 1, los comegatos fueron a la hoguera y, con el pacto de sangre, quedó una marca. El director del servicio penitenciario de ese momento lo dijo. Eran trece, los sacaron y masacraron por su condición. La solución, un muro. 

De un lado los unos, de un lado los otros: ¿pero de quién será la cárcel si todos estamos presos? Uganda de su nerviosismo, Santa Fe de su lentitud, el país de sí mismo.

La ciudad como un barrio

En la política ugandesa, todos los temas son el Tema. Usemos un caso práctico: la Agencia Antilavado que se discute en el Concejo Municipal nace con la pretensión de ser la cinta inaugural de la Autonomía. El principio de innovación jurídica que permitirá a Uganda ponerse al frente del proceso. Municipios del mundo, uníos.  

El lavado de activos como fenómeno que busca introducir al circuito legal dinero originado en actividades ilícitas es la piedra basal del paradigma autonomista. Una solución ugandesa a los problemas ugandeses. La invención de un organismo que sintetiza en los cuadrantes de Uganda los dos problemas de los que hablamos antes: la inseguridad y la vida económica.

Como promotores de la agencia especializada aparecen Ciudad Futura y Juntos por el Cambio. Dos caras nuevas, a pesar de que acarrean una década de actividad y un par de mandatos. El proyecto del oficialismo propone reformas sobre lo existente: agrega rubros y un sistema de alertas. Son los exponentes jóvenes los que crean algo nuevo, saltando los bordes jurídicos del Estado. Por eso fueron las buenas migas entre la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, y el bloque de Ciudad Futura las que destrabaron las discusiones.

La descentralización puede ser un criterio útil para mejorar capacidades de producción de información, planificación y control. Pero también da pie a ejercicios del poder donde cada uno juega para su puchero. Y después se sienta a una mesa a ofrecer lo que acumuló en la olla. 

El proyecto oficial no preveía la creación de un nuevo organismo. Solo una modificación de rubros y la inclusión de un sistema de alarmas. “Si los chicos se lo piden, sale”, dicen en los pasillos del Palacio Vasallo. Hay en esa definición bastante más que una chicana: hay una coordenada geográfica de la política ugandesa. Las cuerdas del pensamiento autonomista.

En esa línea, se posicionan dos partidos. Uno es Creo, del intendente Pablo Javkin. Un grupo de colaboradores que llegó al poder. Y ante el cual, el radicalismo UNR debió asumir que no soy yo, sos vos. A la espera de su turno. El otro partido es Ciudad Futura. Con trabajo de campo en la zona norte de la ciudad. Y el diseño de su pequeña urbe propia referenciado en un tambo, una quesería, un bachillerato y un polígono del Renabap.    

La iniciativa pactada fue anunciada antes a los medios que al cuerpo de concejales. La maniobra perfila un entendimiento que, para muchos, consolida una franja del espectro político que va de la Siberia a Nuevo Alberdi. La Nueva Normalidad de la política ugandesa.

Aguantemos, estamos pisando el mismo lugar

¿Y el mundo? ¿Qué queda del mundo? La carrera es lo que queda. El átomo, el alma, es el último resquicio donde la tecnocracia liberal quiere llegar. Está ahí, en el borde. Y Uganda, como siempre, no queda intacta con lo que pasa en el mundo: lo profundiza y lo vive intensamente.

Ahora nos situamos en la ciudad salteña de Cafayate, mientras el sol amenaza con despedirse definitivamente. Ugandeses viajeros en busca de una casa. Después de varios kilómetros por calles de tierras, golpean las manos al azar. Sale un hombre, con las manos llenas de arcilla, y una remera blanca desgastada que tiene al Canaya del negro Fontanarrosa.  El exiliado lo primero que hace es preguntar por la inseguridad de nuestro pago: cómo se vive donde te pueden matar en cualquier esquina.

Y de alguna forma se lo hace. Es el complemento de lo que hablábamos al principio. Si ser ugandés es azaroso, un botón de aleatorio en la playlist del destino, se entiende que quien quiera, efectivamente, ser, deberá antes que nada parecer. Se exageran así los aspectos cosméticos, sean auriazules o rojinegros. Fontanarrosa y los Monos: dos entes que de su exterioridad hacen una forma de interioridad. A falta de triunfos, se pondera lo que se tiene, aunque no sea nada gigante ni colosal. Llegar a cualquier lugar y ver que me vean: la identidad en función del otro.

Por eso el ugandés chicanea y quiere apropiarse de sus márgenes, pero sin unirse: desde la condescendencia capitalina con sus conurbanos. Pasa con Granadero Baigorria, por ejemplo, ciudad que considerada “un barrio más”. 

Hace algunos años la entonces intendenta, Mónica Fein, presentó el proyecto de refacción del Parque Cabecera Sur, a cargo del Ente de Coordinación Metropolitana (ECOM). Se presentó el proyecto y se hizo con una inversión millonaria. El espacio verde de “abajo del puente” se convirtió en un gran parque que busca borrar la frontera entre una localidad y otra. 

Esa línea fronteriza se extendió llevando también a Baigorria un ambicioso negocio inmobiliario que incluye la construcción del Sanatorio de la Mujer y una especie de shopping, como ya se hizo hacia otras fronteras. Ahora, se estira con la llegada del Puerto de la Música. El proyecto identitario más cajoneado de las últimas décadas, se muda al “barrio”. A la vez que invade sus contornos, Uganda se queda sin su símbolo. Ser afuera y no ser adentro, al mismo tiempo, esa es la cuestión.  

Nosotros tenemos que irnos. Uganda queda. Hasta la semana que viene.

El nombre de la Rosa

El partido de la Ciudad  

El derrumbe del cordón industrial se llevó puesto el mito de la ciudad peronista. La Municipalidad que los demócratas progresistas -el exacto opuesto del PS en el cuadrante ugandés- gobernaron con el poder militar, retomada la democracia, hizo valer su urbanismo ilustrado, su City, sus universidades y su fe progresista frente al desorden de un justicialismo provincial en colapso.  

Si hubo revolución productiva durante el menemismo, fue en la pampa húmeda santafesina. Y donde hay negocios, hay denuncias. El moralismo impugnador de los noventa condimentó la fiebre de modernización política a la que se sumaron las izquierdas democráticas. En los noventa, la figura de Menem redistribuyó las oportunidades de ser digno de ser. Desde Uganda, Binner talló un horizonte de manos limpias ante el fichaje de Cavallero en el peronismo. Una referencia socialiberal con la salud como bandera y la obra pública como instrumento. 

Mientras se desarrollaban las bases tecnológicas del complejo cerealero-oleaginoso desplegado en los primeros dos mil, el PS se construyó como una máquina política ugandesa alimentada de espacios para la juventud y catequesis de urbanismo. Bajo la melodía de la Trova, una música que ama cantarle a Uganda, pero no sueña con ella.

La siguiente parada local reemplazó al médico por un ingeniero. Un cambio de hábito para la fascinación ugandesa por su destino europeo. El pasaje de la ubicuidad de Binner al pragmatismo ejecutivo de Lifschitz no pudo repetirse a nivel provincial. Estuvo mediada por Bonfatti, que jugó un pleno a la ilusión, y perdió.  

El salto a la Provincia se había demorado. En suelo provinciano, primero hubo un expiloto de Fórmula 1 con fama, hectáreas sembradas y relaciones departamentales. Después, un setentista que supo reconvertirse a los modales del fin de siglo, con pasaporte habilitado para el progresismo derechohumanista. 

Sin los colonos ni los obreros conmemorativos de Juan B. Justo, el socialismo sobrevivió como una tesitura intelectual de las elites urbanas. Como lo hizo Perón entre los obreros durante la crisis del cincuenta, cualquiera podría preguntar en los pueblos santafesinos: ¿alguien vio alguna vez un socialista?

La prolongación hasta la Casa Gris se la brindó un error ajeno. La nueva regla electoral otorgó a Binner la chance que no tuvo el radical Uzandizaga. El peronismo, entreverado en la sobreactuación institucionalista, fue sepulturero de su propia historia.

Los años en el gobierno ugandés le permitió al PS formar una generación de cuadros profesionales con experiencia de gestión y conocimiento del Estado, sibaritas de la exportación con ideas de Ciudad Grande. Pero el traslado a Santa Fe fue de oficio, no de presencia.  

El PS ugandés cocinó el antídoto contra la Ley de Lemas y puso al primer gobernador socialista de la historia. Fue tal el delirio que se creyó capaz de meter al presidente. Pero no pudo ser el más grande del interior. En 2011 la derrota de Binner fue la consagración de su condición de visitante. El límite de la Transversalidad sin Buenos Aires. Con las vías paralelas, los ex Ari, la Coalición Cívica y la alianza con la UCR, no daba para tanto. Lo que podía funcionar en Santa Fe, tenía un país adelante con el peronismo adentro.

La casona del progresismo en Uganda

El Partido Socialista es un edificio con departamentos de pasillo.

En una de las unidades, están el exgobernador Antonio Bonfatti; Enrique Estévez, el Hijo; Mónica Fein, la intendenta sin descendencia; y Clara García, la viuda de Miguel. Comparten medianera con Pablo Javkin, radical ido. Y sufren por igual el aliento del pactismo territorial de Maxi Pullaro o la celebridad de Carolina Losada. 

En la misma unidad, pero con cuarto propio, están Susana Rueda, desde Uganda, y Emilio Jatón, intendente de La Capital. Con la Fuerza del Territorio procuran recuperar algo de las construcciones barriales perdidas. 

En un PH próximo, más chico, están Eduardo Di Pollina, Claudia Balagué y Miguel Cappiello. Sostenedores del acto ulterior de la dignidad ideológica. Son el dique de contención frente a lo más PRO de Juntos por el Cambio. Los que acuerdan con la otra parte del peronismo.

Al final del pasillo, un monoambiente con extracciones del Partido Socialista Auténtico, los solitarios de Igualdad, los que abonan al Frente Social y Popular y otros arrabales del socialismo ugandés. Donde se erige la ofensa ética por el narcotráfico y la inseguridad. La misma que, desde el otro costado, le reprocha la Coalición Cívica.

El triunfo provincial del 2007 gozó de la comodidad del consentimiento recíproco con el kirchnerismo. A fin de cuentas, se compartían algunas devociones culturales, trayectorias académicas, funcionarios, pasantes y becarios.

Hasta el 2012, cuando Andrés Larroque habló de narcosocialismo en el Congreso Nacional. Mereció un desagravio encabezado por Hermes Binner junto a Barletta, Stolbizer, Lozano, la UCR, el PRO, Proyecto Sur, el Frente Amplio Progresista, la CGT Azopardo y la Federación Agraria Argentina. El 2008 después del 2008.

Con su núcleo ugandés encimado a la estructura departamental del radicalismo, el PS aprovechó su agrarismo modélico para desmarcarse de los coletazos del Conflicto. Los huevos de los autoconvocados fueron lanzados contra Agustín Rossi. 

El reclamo por la coparticipación fue el leitmotiv para ser otra cosa respecto al kirchnerismo. Un parecido de intenciones, pero no de formas. Los disertantes de la Usina Social vienen de afuera: geográfica y partidariamente. Podrán pensar lo mismo, pero no son lo mismo. Ventajas contractuales del pluralismo. 

En ese clima espiritual se formaron, al menos, tres generaciones de habitantes del edificio de la Rosa. 

La de los Grandes Ejemplos, que lograron la hazaña. Ahí relucen los Colaboradores, entre los que despuntan Raúl Lamberto, el ministro de la Seguridad Fallida, o Rubén Galassi, el Arreglador. Portadores de un método y carnadura de una tradición. 

La de los Discípulos que hoy integran las filas de funcionarios residuales y dirigentes en competencia. Entre las que destaca Verónica Irizar, la concejala que perdió la interna y selló el final. A la mitad en edad y experiencia, aparecen los Intermedios, como Joaquín Blanco, más útil detrás que adelante, o Mónica Ferrero, la concejala que comienza. 

Y la de los Nuevos Militantes, todavía anónimos, concebidos en la atmósfera de batalla cultural del kirchnerismo póstumo. Los que entraron por ideales y no por cargos. Herederos de la derrota que buscan reunir Partido, Organizaciones y Universidad. Marcados por el multiculturalismo, las diversidades y la poesía de los cuerpos autónomos.

Uno, dos, mil socialismos

Hay varios socialismos, pero una sola referencia partidaria desde 2002. Aunque la historia, como siempre, viene de lejos. 

En 1958, un año clave del antiperonismo, tiene una inflexión: se parte entre el PS Argentino y el PS Democrático. Una enemistad de base entre liberales occidentalistas y los agitados por el cubanismo que anticipó la revolución de 1959, cuando Alfredo Palacios saltó a las banderas de la juventud rebelde del Movimiento Nacional Reformista.    

Como razón de ser de la partidocracia argentina, la llave maestra de los enfrentamientos entre corrientes fue el posicionamiento ante el peronismo. Expresiones menores se sumaron al surco de Juan Atilio Bramuglia, canciller de Perón. Y hubo fraccionamientos vanguardistas con diferencias ideológicas, morales o tácticas. E incursiones armadas, derivaciones varias del insurreccionalismo. 

La Convergencia Programática con Alfonsín consolidó como línea rectora en el Retorno la que imponía una distancia científica con el justicialismo.

Del acercamiento entre el PSA, el Movimiento de Acción Popular Argentino y otros grupos de militantes, nace el Partido Socialista Popular. Y es cuando hace su aparición Guillermo Estévez Boero. Una expresión que pretendía dejar atrás el sectarismo sin la ironía de la Izquierda Nacional ni las solemnidades antipopulares de la elite liberal. Convergente con los progresistas exiliados del FrePaSo. Finalmente expresados en la Alianza. Exonerados de la catástrofe.

De las versiones que se reivindicaron más populares que socialdemócratas salieron múltiples brazos desde Simón Lázara, el expatriado Rubén Giustiniani o los periféricos como Carlos Del Frade. La vieja sonata de la lucha de clases reemplazada por las alusiones a la igualdad, la distribución de la riqueza y las abstractas ampliaciones de derechos.  

Una población de migrantes de la centroizquierda que en los primeros dos mil asedió con entrismos o confrontación directa al kirchnerismo hasta disolverse con el desplante de Carrió a Pino Solanas y la precipitación del proyecto UNEN para la posterior conformación de Cambiemos. La realpolitik se le paró de manos.

El mal del inquilino

El Consorcio ugandés cayó. Y la administración quedó en manos prestadas. Sin un nuevo Frente Grande que los encuentre con influencia, al menos sea oral, ninguna variante del Frente de Frentes les concede un mínimo protagonismo.

La llave de la democracia como poder centralizado y anhelo de mayorías populares, se truncó en 2013, cuando Antonio Bonfatti debió consagrar el Plan de Fortalecimiento Institucional como último intento para salvar una situación que se había desbandado. La disyuntiva de negociar para sobrevivir derivó en derrota y desplazamiento. Los garantes políticos de la Uganda desquiciada, con el empoderamiento departamental, ya no eran necesarios.

El demonio localista del Senado ganó el centro de la democracia santafesina. La primacía ugandesa perdió prestigio a fuerza de balaceras torrenciales y homicidios a cielo abierto. Ocho años después del pacto, entre intentos de purgas y reformas legales y teóricas, el maelström se devoró a Marcelo Saín. Como antes se había comido a María Eugenia Bielsa, una arquitecta en el peronismo. 

Finalmente, en 2019, al PS, le llegó el aviso de desalojo. La Grieta no dejó lugar para los débiles. Ni hubo constructores para las terceras vías. Dos años y medio después, el PS habita el silencio de la política nacional. Está en la etapa de negociaciones para lograr una rebaja, como si discutiera una ley de Alquileres electoral. El socialismo desde el interior no encuentra su unidad interna y busca habitación en alguna alianza. Para que el 2023 no sea una continuidad del velorio de los Grandes Ejemplos fenecidos.  

La historia sigue, pero nosotros tenemos que cortar la siesta. Que tengas buena semana. 

Qué puede un sueldo

Buen lunes.

Se fue el tercero: otro mes junto a vos. Para inaugurar el cuarto, reperfilamos Uganda. A partir de ahora nuestra editorial mensual tienen nombre propio. La sección del surubí pasa a llamarse Río arriba: la dirección que hay que seguir para encontrarse con este animal manchado, este pez sin escamas.

En la editorial anterior hablamos de la inseguridad, el elefante en la habitación. Hoy vamos a hablar de la mosca en la sopa, que cada vez está más aguada: la vida económica ugandesa.

Fue un fin de semana movidito en la arena nacional. Habrá que ver qué pasa en la semana. De todas formas, la siesta de hoy no caduca con la coyuntura, porque no es un texto sobre la foto. Apunta a repasar la película.

Para eso contamos nuevamente con la ayuda inestimable de nuestras librerías amigas. En el Juguete RabiosoParadoxaOliva y El Trocadero nos recomendaron textos, que usamos como mangrullo en el cual pararnos a declamar nuestro cadáver exquisito.

Ventajas de una educación clásica

La condición de fénix -animal mítico que renace de sus cenizas- que revista la Argentina es fatigada por muchísimos pensadores. No lo es tanto el estatus fenicio -pueblo comercial de la Antigüedad que sobrevivió siglos mientras se levantaban y caían imperios- que ostenta Uganda.

Primero posta de caminos, después sitio donde se compró y se vendió de todo, por estos días nuestro pago repecha a la deriva. En sintonía con lo que pasa en la Argentina: hay apuestas sobre el tablero pero la ruleta gira en falso.

Sin acta de fundación, sin relatos inaugurales que den cuenta de motivos, o al menos que recopilen excusas, Uganda nació siendo. Sin estar en ninguna parte. La nuestra no es una ciudad-puerto. Es una ciudad-barco. Y los vaivenes de la economía nacional impactan con su oleaje y enfilan la nave hacia donde pinte el viento.

Cuando el país remonta, Uganda infla las velas y es más veloz que ninguna. Cuando se agita la tormenta, naufragamos en un sálvese quién pueda. Esto no es literatura: tomemos la evolución histórica de la macro argentina y pongamos esa filmina sobre la de nuestra ciudad. Al contrario de lo que pasa en otros lugares, anclados en la suya para bien o para mal, vemos que acá cada boom es más intenso, cada crack duele un poco más.

Tras la cicuta macrista, decir que confinar al grueso de la fuerza de trabajo para enfrentar una pandemia desconocida fue escapar del monstruo tirándose por un barranco, es cantar una que todos la saben. Pero tenemos que hacerlo: por las características socioeconómicas de Uganda, acá impactaron los peores y los mejores efectos del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio.

La cuarentena pegó diferente en cada órgano del cuerpo social, y la recuperación no se da por igual. Todes tenemos conocidos que laburan en sectores que picaron en punta con el encierro o venden sus servicios al exterior. Al mismo tiempo que hay amigos que acumulan trabajos o emprenden para complementar los ingresos que no rinden. Es la cuerda de una cinchada a mil por hora entre las puntas de la estructura social.

El salto fue tan brusco para los unos como el enterramiento para los otros. El 2020 terminó con 13,6 por ciento de desempleo. Ahora hay menos del 8 por ciento. El problema no es la  falta de trabajo. El problema es qué trabajos hay. Y cómo quedó el ánimo de los que van a trabajar tras la debacle de los dos virus. Además de económica la crisis actual es emocional. 

¿Cuántos deseos entran en tu caja de ahorro?

En Filosofía del dinero, Georg Simmel dice que el valor del dinero está dado por lo que posibilita. Hay solo una utilización prioritaria. Cualquier otra es antieconómica. La libertad es la capacidad de elección y decisión. La guita lo que brinda es poder elegir. Y en Uganda se vive esta definición en su dimensión práctica. 

La biyuya ugandesa tiene el valor del bien decisivo. El equivalente monetario del precio personal: cuánto cuesta una vida. Como la del pibe que pedía ayuda a su mamá porque no quería matar a más gente. Y si la vida no vale nada, el riesgo de ponerla en riesgo es nulo. Todo ganancia. Mañana no es mejor. Mañana es tardísimo. 

Todo valor está adscrito a su rendimiento. ¿Importa la sustancia o el efecto? El ser humano como fundamento del dinero, o el dinero como fundamento del ser humano. Teologías en torno al Becerro de Oro. La pregunta de época para todas las épocas. En Uganda hay zonas de pesos y zonas de dólares. ¿Dónde empieza y termina la economía?  

La actividad es una, pero tiene varias máscaras. Están los que pucherean, los que corren de atrás a la inflación, los que tienen salario formal y ahorran, y los que cobran en dólares. El que paga lo caro y el que gasta casi todo en alimento. 

En la Fenicia clásica se creó el alfabeto. La palabra escrita nació porque se necesitaba tener registro de qué era lo que se pagaba, lo que se debía, lo que se tenía. En la Fenicia ugandesa se trastoca aquel invento: los negocios más jugosos son los que no ingresan en los libros contables.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

Chismódromo municipal

Lo saben los amantes sobre su lecho, lo intuyen los poetas durante el éxtasis, lo experimentan los directores técnicos en los vestuarios: lo que se susurra es más importante que lo que se grita. En Uganda, lo decimos ahora y si preguntan nosotros no fuimos, el chisme es el más real de los relatos.

Para la Esquina no hay nada peor que un botón. Ser chismoso es otra cosa. El que chusmea no buchonea: supone. No ventila intimidades: las fabula. En los detalles que exagera o calla deja entrever la realidad: lo verosímil es más importante que lo verdadero. 

En la sección En Voz Baja de La Capital hay datos más fiables que en la sección Política. Porque la información que corre en el circuito legal puede ser comprada, corrompida o incluso falseada. Nunca se sabe. El chisme, en cambio, es metainformación: el subtexto es igual o más jugoso que el texto en sí. Saber qué anda diciendo tal de tal tema es, en una Ciudad del Comercio como la nuestra, el bien más buscado. 

El precio del chisme fluctúa en base a la oferta y la demanda. Existe la inflación chimentera: quien los emite sin control, ve decaer el valor que obtiene al intercambiarlo. Hay, incluso, una filatelia: se inventarían los chismes que están fuera de circulación, se los guarda y después se trocan por otros.

Mario Castells, por ejemplo, en Diario de un Albañil nos muestra su envidiable colección de chismes sobre uno de los rubros económicos más discutidos de Uganda: la construcción. Y en sus páginas hay más data que en cualquier informe de la UNR. 

El libro está hecho, en apariencia, de simples chismorreos de barrio. De que el padre era un jefe de mierda, de que Damián se ponía en pedo pero era buen amigo, y de que se cogió a una mina en un departamento lujoso y no quiso decirle que había sido uno de los obreros que lo edificó. Ese tipo de relatos que necesitamos como el pan de cada día. Porque el chisme es nuestra forma de la literatura. 

Pero también sabe intercalarlos con otros, más barrocos. Como cuando nos cuenta que con su papá le construyeron una mansión a Samuel Rosenbaum, dueño de Natalio Automotores, la concesionaria que le vendió con papeles truchos un BMW al Fantasma Paz. Rosenbaum nunca pagó por el trabajo. Semanas después, cuando los Castels pasan con el auto por la puerta de un restorán y lo ven, el padre le grita: “Pagá lo que debés forro”. El otro se ríe, y lo saluda. Castels hijo alcanza a escuchar que Rosenbaum le comenta a sus compañeros de mesa: “El paraguayo es un amigo, siempre que me ve me hace la misma joda”.

En Uganda no importa lo que pasa. Si no lo que se dice que pasa.

Te acordás del gato?

Más vale conseguir un arma que un trabajo

Cada tanto suena la rítmica de los planes sociales, los servicios informales, las economías populares. Se deja sonar el lado B de la economía. Pero los que discuten son bastante menos que los otros: los que hacen que eso suceda. Los que están adentro del Nivel de Actividad. En definitiva, lo que importa es la tasa de retorno: ¿Qué deja más? 

Un lector nos envió una anécdota, que funciona de postal. 

Un domingo, antes del almuerzo, va a la carnicería. Pide un pollo trozado para hacer a la cacerola. El carnicero se ríe: «los domingos no trozo pollo, es de mal gusto». Desde la caja le gritan «planero tenías que ser» y el carnicero vuelve a reir y le recrimina «pero si vos me tenés en negro». “Sí, te tengo en negro”, dice el dueño, “porque te conviene, porque con los planes y lo que te llevás acá ganás más que poniéndote en blanco… Tenés todos los planes vos, plan cunita, plan mi casa, plan mi pieza, plan mi primer trabajo, plan no trabajo”.   Mientras tanto el pollo sigue ahí entero, sin partirse, mientras los dos se chicanean. Nuestro lector ya no presta atención. Se queda con ese dato: el carnicero cobra más en el combo laburo + plan que teniendo un trabajo en blanco. Trabajador y patrón aceptan resignados, risueños, esa realidad. Fuimos del gato al pollo, nos dice nuestro lector que pensó. 

Porque entre la puesta en escena del gato a la parrilla, que dio lugar a nuestro sobrenombre, y el reemplazo del asado por dos cebollas, un pimiento, y un poco de arroz con pollo, hubo una, hay otra, crisis. Y, más importante, existió en el medio, una reconstrucción política inédita en la historia. La Década Ganada. Que duró, su nombre lo dice, una década. De 2002 a 2012. Si nos ponemos a hilar fino, hoy no empezó ayer. Arrancó hace diez años. Cuando la economía, el ánimo y la correlación de fuerzas vienen, en la clase trabajadora, empezaron a ir para atrás. Los ciclos del fénix.

Roberto García, en el prólogo a “El Dos Mil 1”, de Héctor Cepol, insiste en que la pervivencia del Argentinazo anida en la transformación de pequeños devenires de fragmentos del cuerpo social. Fueron “experiencias más o menos comunitarias, y más o menos individuales también”, asegura García. La de 2001 fue una crisis que, sacudida por abajo, se resolvió por arriba. La actual es transversal. Y por eso se parece a un infarto largo. Si finalmente estallara, no hay garantías de que existan pequeños devenires de fragmentos. Porque lo que puede un cuerpo tiene límites.

El trabajo es malo y se paga peor: el costo de oportunidad del gil trabajador es cada vez más gravoso. Los círculos concéntricos de la exclusión laboral se acentúan. Los empresarios se quejan de que no consiguen personal no ya capacitado, siquiera voluntarioso. Y la carne de cañón de la ciudad violenta es la misma población joven que rebota contra las paredes de la cárcel que es el mundo.

“El tema es que la economía anda mejor que el gobierno”, se dice en el Cordón Industrial. La postpandemia exige a la Política no quedarse en mera transferencia de dinero o asistencia paliativa. Se necesitan políticas de Estado y también políticas de estaño. Y ante la imposibilidad, se repetirá la oración: transformar planes en trabajo. Aunque Beetlejuice sea una película pasada de moda: al empleo genuino se lo invoca tres veces para que aparezca, 

Surge entonces la desconfianza. O peor,  descreimiento. En las instituciones públicas y en el sector privado. Te salva esta. Así en Uganda la condición asalariada toma nuevas formas, que generan nuevas superestructuras. Proliferan los trabajadores autónomos, los independientes, los informales, los ilegales, los multiocupados o los microempresarios.

La fisonomía del trabajador muta en el Gran Rosario. Y no solo en términos geográficos, sino temporales. En las paradas de bondis desde hace algunos años convive el que con el overol espera que lo recojan para ir a la cerealera, con la chaqueta todavía con olor a soja del día anterior, y el que espera el 103 para ir a atender un minimarket, con el celular  enviando data virtual de sus emprendimientos, multitaskeando para sobrevivir. 

Se cruzan diariamente, pero siempre uno cree que trabaja más que el de la vereda de enfrente. Y por la orilla del cordón pasa una piba vendiendo pañuelitos. 

El barroco lenguaje visual de The Wire - Jot Down Cultural Magazine

Los pequeños detalles

The Wire, la histórica serie de HBO, más que una serie policial es una serie sobre el trabajo: ese lugar donde somos con y para los otros. Uganda, cuna de la inseguridad, tiene puntos de relación con la Baltimore que retrató David Simon a comienzos de los años 2000.

En la serie, cada personaje, es un empresario de sí mismo. Todos los personajes pactan con una mentira para sostener el negocio. Todos viven la vida del empresario pero cuando se les advierte sobre sus responsabilidades, se atajan: trabajan para alguien más. En Uganda sucede algo similar. Los actores sociales que aparecen en el registro de la ciudad siempre son la punta del iceberg de algo mayor. 

Las finanzas y el narcotráfico son formas del emprendedurismo. Los dos tienen como fuente y como resultado el riesgo y la desregulación. Mientras mayor riesgo mayor circulación y también mayor ganancia en términos residuales. El soldadito toma los propios códigos y valoraciones que un agente de bolsa a la hora de pensar su negocio, y el agente, también se mimetiza en el emprender más allá de cualquier límite.

La filósofa estadounidense Debra Satz en su libro “Por qué algunas cosas no deberían estar en venta. Los límites morales del mercado” caracteriza a fondo los mercados que llama nocivos. Un mercado es nocivo cuando la naturaleza de su información es inadecuada para el resto, y por eso está oculta. Pero no se puede ocultar lo evidente. En cambio, se hace como si, para que el negocio siga funcionando.

Se sabe, o cree saberse, cuáles son las agencias financieras que lavan el dinero de los circuitos ilegales. Dónde están los búnkeres. Quién compra, quién vende, quién connive, quién mata o deja morir. Se sabe. Cree saberse. Pero comprometer una pieza puede hacer que el yenga entero se venga abajo. Nadie nos quiere, todos nos festejan, reza el trapo, y con razón.

El riesgo es la herramienta fenicia por naturaleza. En Uganda, el trabajo no es sinónimo de estabilidad, el trabajo es sinónimo de riesgo. Y la dinámica de las relaciones interpersonales mediadas por bienes, es decir, el laburo, es más dificultoso, más ingenioso, más vivaz. Emprender en Uganda es más fácil pero más peligroso y a su vez, más redituable que la estabilidad.

Los espectadores de este show somos todos aquellos que desean vivir en una sociedad donde la paz y el orden no sean un negocio. La famosa, la inefable, la que no es nadie pero somos todos: la clase media. Que, al mismo tiempo, en sus lógicas de vida, comienza a corromperse por ese hilo que termina afectando toda la trama.

El trabajo ya no es lo que era. Sigue siendo.

Entonces, la pregunta es: ugandeses, ¿para quién estamos laburando?


Títulos, autores y beneficios

Como parte de nuestra comunidad lectora, durante el mes de julio podés conseguir con descuento los libros que componen el estado del arte ugandés.

Filosofía del Dinero, de Georg Simmel tiene 10% de descuento en El juguete rabioso.

Por qué algunas cosas no deberían estar en venta, de Debra Satz, tiene 10% de descuento en Paradoxa.

Diario de un albañil, de Mario Castells, tiene 10% de descuento en Oliva.

El Dos Mil 1, de Héctor Cepol tiene 10% de descuento en El Trocadero. 

Un pájaro federal en la Legislatura

Hola, espero que estés muy bien. 

Hoy vamos a hablar de leyendas. Porque, a esta altura, la Reforma de la Constitución es una de ellas. Y explica, vista desde Uganda, mucho de esta remake de las disputas entre unitarios y federales. 

Unitarios y Federales: la primera grieta nacional | Dante Llanos

¿De qué Reforma es capaz la política santafesina? 

Hace mucho tiempo, en el norte santafesino, llegaron los soldados al monte y se llevaron al hombre a pelear contra los indios. La mujer lo esperó durante años. Hasta que volvió con la forma de un pájaro de copete rojo y pecho azabache, como el uniforme de los soldados. Se apareció en su patio y se puso a cantar. Ese ave de canto triste, dice la leyenda, es el pájaro federal.

Hace rato que la política no habla de Unidad Nacional. Pero esporádicamente, como un alma en pena, vuelve a sonar ese canto. La Política se formula como Ciencia para las discusiones grandes, y se resuelve como Pragmática en la chiquita.  

En otra época, la Cuestión Nacional tenía un peso conceptual decisivo para hablar de política y poder en la Argentina. Y no es que el problema perdió vigencia, sino que se decidió hablar de otra cosa. 

10 Características de Unitarios y Federales

La Constitución no tiene quien la escriba

La grieta, como los panes, se multiplicó. Se volvió Ecuménica. Está en todas partes: hacia adentro de los gobiernos, en los grupos humanos y en los límites territoriales. Y su dimensión geográfica se deja observar en la discusión sobre la Reforma Constitucional. 

Hay nueve proyectos de Reforma en la Legislatura provincial. Cada uno tiene el suyo. El consenso asomó, y cuando todo parecía encaminado al tratamiento y la sanción, la UCR reculó. No es el momento, aclararon. 

Decir siempre fue más fácil que hacer. La Reforma Constitucional tiene varios mentores. Le faltan los autores. Y la postergación se parece a la imposibilidad santafesina de asumir algún destino histórico. 

Es que todo depende del AMBA, donde tiene domicilio la Nación. El ancho de los armados provinciales y el contenido calórico de intendentes y jefes comunales, diputados y senadores, jueces y fiscales, se arman pensando en ir a la Nación y lograr que baje algo

Santa Fe, como un condenado por la Historia, vuelve siempre a la misma pregunta: ¿hay que conquistar a Buenos Aires, seducirla, lograr que dé bola? ¿O hay que vencerla, doblegarla, superarla? En esos términos se formula la Cuestión ProvincialPorque la potencia económica sin agregarle capacidades políticas, es fuerza bruta. Puro PBI sin poder de decisión. 

La primera grieta: unitarios vs. federales

Los hits de la Ciudad se oyen en los tambos

En 1819, el gobernador López se rebeló a Buenos Aires y dictó su propio Estatuto Provisorio. Hoy, en la cuna de la primera Constitución no pueden acordar un par de artículos.  

Con más de 60 años y sin modificaciones en 1994 cuando hospedó a la reforma nacional, la Constitución santafesina es la más vieja del país. El reconocimiento de la necesidad de reformarla es tan firme y persistente como la imposibilidad de llevarla a cabo por los sucesivos gobiernos. 

Quien tenga la intención de ser parte del sistema democrático, no debe dudar al decir que la Constitución Vieja es un obstáculo, o un problema, o algo que debe ser modificado. 

El impedimento es la posibilidad de reelección para la gobernación. El estímulo principal: las autonomías municipales. Las hechuras de un lado y el otro del cuadrante ugandés. Si la Reforma Constitucional recorre el eje vertical que une el Puerto al Interior, la Autonomía es la variable dependiente que va de Medellín a Barcelona. 

La extensión del mandato para los jefes comunales y las atribuciones para las Ciudades delimitan los tres niveles de realidad política provincial: el de las Comunas, el de los Municipios y el de las Ciudades. 

En un repaso rápido, los temas de la Autonomía son los hits de Uganda. A la que el sueño de la Ciudad Autónoma le llega más por imperio de la necesidad exógena que por consolidación de la propia.

¿Alguien sabe de qué se discute?

Las circunstancias nacionales del peronismo conurbano, con una crisis ampliada y las disputas intestinas del AMBA, se espejan en el Interior como un conjunto de agrupamientos regionales, que se subdividen en interiores del Interior.  

En Santa Fe, desde el norte, se pide ingreso al grupo de provincias del Norte Grande. La Región Centro cincha su destino a Córdoba para rivalizar con el potencial hidrocarburífero de la Patagonia y las refinerías de Buenos Aires. Y al sur, la Zona Núcleo reclama los derechos de autor del financiamiento presupuestario. 

Por contener al campo, Santa Fe fue secundaria con el gobierno peronista y un proveedor estafado durante el macrismo. Todavía con los reproches del 2008. Al kirchnerismo no le importa saber de qué habla el agro. Y el enfrentamiento con el kirchnerismo dejó a la dirigencia rural en un callejón sin salida. Se inició una batalla sin objetivos. El día de la marmota del Conflicto se volvió insoportable. 

Santa Fe representa el reclamo identitario de un sector que exige ser llamado tal como se autopercibe: no fueron los Patios de las Palmeras, sino los oleodólares los que bancaron el Modelo. El peronismo gringo emerge de la potencia agroindustrial de Santa Fe y Córdoba como un vagón donde el desacuerdo se basa en equilibrar ganancias y pérdidas, un eje que se fortalece por la propia dinámica de la crisis. 

El asunto del suelo, con la pampa húmeda en el vértice, refresca la suma demográfica. Y las letras del peronismo, el socialismo y el radicalismo en la Provincia, se desordenan y desentonan. 

Quiénes fueron los Constituyentes de 1853? - LA NACION

Las Tres Sintonías de la Provincia

En Uganda, las fuerzas políticas se parecen a sus casas matrices porteñas. El repliegue de la Política Nacional hacia el AMBA, ¿cuánto espacio deja? Los intentos se dan en Tres Sintonías. 

La Primera Sintonía es la peronista. El justicialismo ugandés se autolimitó al dedicarse a justificar a los oficialismos nacionales. La interpretación histórica que moviliza a los disidentes y a los distintos, se encerró en sus propias contradicciones. 

Casi nadie en Uganda vivió un gobierno municipal peronista. Pero lo que podría ser una ventaja para actuar sin tener que rendir cuentas, resulta en la autoflagelación celebratoria. 

En la Segunda Sintonía, desde el Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck adopta a los convencidos de que solo la Universidad vence al tiempo. Es el vector de la Autonomía. 

Para el radicalismo, su Condición es la relación con el Pro porteño. Entre los influjos cruzados de Larreta y las visitas de Patricia Bullrich, el pronunciamiento bonaerense de Manes, y las experiencias provinciales citables de Corrientes, Jujuy y Mendoza, se divide el localismo departamental de Maxi Pullaro, la institucionalidad urbanística de Pablo Javkin, y la autoridad de Embajadora de Carolina Losada.

La Tercera Sintonía se da en aquellos que compitieron con el kirchnerismo por ser la encarnación del Espíritu de la Transversalidad. Los socialistas, núcleo de Uganda, irradiaron su influencia en la estructura provincial del radicalismo. El justo medio consistió en desmarcarse del Conflicto. 

Si para el peronismo, la Ley de Lemas fue la resignación ante lo inminente, para el PS la muerte de Miguel Lisfchitz, fue un desalojo. Le quedan los ensayos teóricos de la Comunidad de Ideas, recurrir a figuras del AMBA para el ordenamiento intelectual de una franja de progresismo laico, anclado acá que mira (y espera ser mirado) allá.

Pintar con la vida”: el legado de Juan Grela en Rosario : : Mirador  Provincial : : Noticias de Santa Fe | Entre Ríos : :  www.miradorprovincial.com

La provincialización de lo Real

Con la pandemia, el etnocentrismo de las clases medias ciudadanas, universitarias y progresistas tomó la forma de una comedia negra. Y lo peor del asunto no es que la Reforma sea un tema de élites, sino que no quede otra que discutirla. 

Como no hay Cielo sin Tierra, no hay constitución política sin composición económica. Es la cancha donde Santa Fe habla la lengua nacional: se pronuncia en artículos legales, pero significa contribuciones de producto, tecnología, empleo, salarios y distribución. 

La economía política con base patagónica, abastecimiento pampeano y pensamiento conurbano, agotó su efectividad hace más de una década. Como en Uganda cuando se habla de seguridad, ahora se marca el hasta dónde

Los fastidios contra la Casta surgen por la huida de las dirigencias políticas, empresariales, gremiales e intelectuales, hacia su Ombligo Teórico. Una dimensión aparte del drama nacional, que se lo dejaron a las organizaciones sociales y las Iglesias. 

En el suelo provincial, impera un arte práctico: imaginar es cosa rara. La Constitución se da en los hechos. Y en Uganda, donde titilan las palabras, hablar de la Provincia es poca cosa: el afán de Autonomía piensa con textos europeos o norteamericanos. 

Ni de Tierra Adentro ni de la Ciudad Cosmopolita nace el acuerdo o la voluntad. Todos quieren, pero nadie se anima a tanto. 

La próxima seguimos. Espero que tengas una buena semana. 

Zurbarán, El Arte de los Argentinos - Uriarte Carlos (1910 - 1995)

Tan freak y tan popular

Hola, es lunes. Pero el viernes toca Dárgelos. Cuando escribió Camarín, el tema de dónde sale este título, los frikis no eran populares. Ahora el mundo se resignifica y el capitalismo viste una revancha. Hay una hipótesis: los que sufrieron bullying ayer, serán la venganza del mañana.

La fiesta que nunca termina y la amistad artificial

Es sábado por la mañana y vuelvo de una reunión de trabajo. Camino por la peatonal Córdoba mientras voy con los auriculares escuchando Babasónicos. En la intersección con calle Sarmiento me cruzo con un banner del Partido Libertario. Freno. Saco el celular de la campera y hago una foto. Acto siguiente, un pibe con una remera blanca se acerca y me da un volante.

Si querés afiliarte nos podés mandar un mensaje al WhatsApp que aparece ahí – dice señalando el papelito.

Gracias, lo voy a pensar – le respondo y sigo mi camino.

Cuando miro el volante me quedo sorprendido por la precariedad del diseño. Igualmente funciona. Subo a las stories de Instagram la foto del banner y publico en Twitter otra del flyer con un pequeño comentario irónico.

El lunes después del fin de semana abro WhatsApp y mando mensaje. Buenas. Mi nombre es Andrés. Quisiera saber si esta tarde se reúnen a las 19 en Pellegrini 1784 para acercarme.

Silvia Malfesi, la coordinadora del Partido Libertario de Santa Fe, me manda un audio, un video de YouTube, un PDF con las bases de acción política y cuatro mensajes que parecen programados. Una hora antes de ir la llamo. Le aclaro que soy periodista y que mi idea es conocer sus propuestas, el lugar y la gente.

La casa donde está la sede es la casa de la mamá de ella. En la puerta hay una tímida bandera que indica el lugar para los desconocidos. Por dentro todo está oscuro y se ve una luz al final del pasillo. Toco el timbre y me abre un joven, muy joven. Me presento y me hace pasar hasta al quincho.

Cuando entro Silvia está sentada con dos muchachos. Detrás de ella hay un mapa político de la Provincia de Santa Fe. Me hace una seña y me pide que la espere. Mientras tanto escucho la conversación.

Los tipos se presentan como interesados en afiliarse. Le dicen que tienen peso en una comuna del interior. Hace un tiempo pusimos un candidato y llegó a presidente comunal por Cambiemos, ahora queremos hacerlo llegar con el partido de Milei. Ella se ríe sorprendida, antes de negociar cualquier cosa primero tienen que firmar los papeles de afiliación. Los muchachos aceptan y Silvia los deja con el chico de la puerta para terminar el trámite. 

Nos saludamos y me invita a pasar a su oficina. En el pasillo larga una risa con cierta simpatía y me dice.

Yo creía que esto era más fácil.

Las paredes están adornadas con un empapelado gris que se descascara yendo al techo. La luz es tenue, ambarina. Los muebles son de madera oscura, caoba. Sobre el escritorio hay una de esas lámparas con vidrio verde del estilo de las películas de época. Parece una escenografía de David Lynch. Hay muchos cuadritos con diplomas, cursos, cursitos, títulos serios y no tanto. Diferencio el de Abogada de la UNR. También veo que hay cruces y muchos libros de lomo ancho. En un estante lleno de biblioratos, al lado de la Constitución Nacional hay una réplica en miniatura de La Libertad iluminando el mundo.

Antes de empezar la entrevista alguien toca la puerta e irrumpe. Lo miro y lo reconozco al instante. Es el chico que atiende el minimarket 24 horas que queda abajo de mi edificio. Los dos nos quedamos sorprendidos. Él es el primero en hablar: sonríe y me pregunta qué estoy haciendo. Le digo que vine a hacer una entrevista. Silvia, que no soporta verse desplazada del centro de atención, lo señala y empieza a tirarle flores.

Este chico es el mejor que tenemos, nos está ayudando muchísimo para el armado. Es estudiante de Ciencia Política y se está encargando de la estrategia para llegar a los adherentes que necesitamos para constituirnos como partido.

El prejuicio de que los jóvenes que votan a Milei están despolitizados o no entienden nada se cae. Ahora cada vez que baje a comprar algo ya sé de qué voy a hablar con él, de política. El pibe se lleva unas hojas, nos saluda y se pierde por la puerta de atrás. 

Saco el grabador de la mochila y le pregunto a Silvia si puedo grabarla. Me dice que sí.

¿Cómo llegas a ser la coordinadora del Partido Libertario?

Una noche discutí en Twitter con un hombre que no quería que regresen los K pero que también estaba desencantado con Macri. Le dije que se acerque al Partido Libertario que ya existía en CABA. Al día siguiente me llega un mensaje privado: unos chicos que estaban en el armado de allá me invitan a armarlo acá. 

¿En cuántos lugares están?

Por ahora estamos en cuatro localidades de la provincia. Por ahora con peso estamos en Rosario, Avellaneda, Funes y Santa Fe.

¿No va en contra de lo que pregonan transformarse en un partido político?

Él (por Milei) habla de la casta. Yo lo llamo de otra forma. Para mí hay una buena política. Lo que no me gusta es el berretismo. Yo creo que tenemos que volver a las raíces, recuperar lo que era Argentina en 1890. Javier lo que tiene es que explica cosas difíciles en un lenguaje popular. Los beneficios de la libertad nos pueden llevar al primer mundo.

¿Puede la popularidad discursiva ganar por sí sola? ¿O van ir con otro partido a las elecciones del 2023?

Es muy importante hacer un partido propio. El partido prestado siempre es deber favores. Sin ir a un liberómetro yo creo que lo más importante es armar algo. Yo quiero un partido sólido, pero el liberalismo está fragmentado, estamos divididos. 

¿Rosario es un lugar para el Partido Libertario? 

Rosario es una ciudad perfecta para nuestras ideas. Una ciudad informal. Fruto de la libertad de comercio. Yo creo que es una ciudad emblemática para este proyecto. También es una ciudad que está muy mal y por eso creemos que podemos cambiarla. Mayormente en materia de seguridad.

Ser el vapor de fantasías no me dejará llorar

Después de esta pregunta. Silvia me pide un minuto para ir al baño. Siento que la entrevista ya está terminada. Cuando vuelve le digo que voy a apagar el grabador así charlamos más distendidos.

Ella mantiene en forma su discurso. Los libertarios aman el debate de ideas, las palabras. Me aclara que está en contra del aborto aunque sepa que no hay nada más liberal que el derecho a decidir sobre el propio cuerpo. Saltamos a hablar sobre el consumo de estupefacientes, ella plantea que cualquiera puede consumir lo que quiere sólo si no le hace daño a nadie. Por dentro pienso qué carajo pasa cuando uno se hace daño a uno mismo, ¿quién interviene?

No llegamos a ponernos de acuerdo en ninguno de los temas pero el respeto se mantiene en equilibrio. Ella insiste todo el tiempo con la importancia de la arbitrariedad de la ley. Cada rato repite que hay que quitar toda coacción posible sobre las personas. Le respondo que la ley siempre es arbitraria y toda nominación por más abstracta que se la proponga es una coacción sobre un sujeto o grupo social. Al final, hablamos de portación de armas para terminar con que la solución para ella es un Estado chico con una policía fuerte.

Miro el reloj, son casi las diez de la noche. Le digo que me tengo que ir. Abre la puerta, nos despedimos dándonos la mano. Antes de cerrar me invita a la charla debate del miércoles donde van a discutir sobre los piquetes y la libre circulación, el famoso artículo 81 sólo lo recordamos cuando aparecen las injusticias le respondo y se echa a reír.

Preguntándome en silencio en qué ciudad estaré:

Hace tiempo que vengo siguiendo las notas de Mariano D’arrigo en la sección política de La Capital. El 12 de mayo, su texto pinta el paisaje de quienes serán los encargados de armar los lazos con los viejos conocidos de la arena política provincial. José Bonacci, alias «tengo una AM, una FM, una remisería y un partido político» y “esta democracia no sirve” es el encargado del armado.

Bajo su ala, Romina Diez, la economista e influencer que habla de economía para no economistas es la segunda en esta estructura. Como satélite de interlocución aparece Nicolás Mayoraz, diputado provincial por el partido que encabeza Amalia Granata, quien este momento se encuentra en tensión con la líder, aparece como el conciliador, el apuntado para unir el partido por la vida con el partido de Milei.

Si uno analiza desde el punto de vista discursivo, la unión que se está dando por arriba es por lo menos polémica. Pero para hacer política y sumar voluntades es necesario hundirse en los pliegues. Soy una nave estrujada por dos vientos contrarios, dice Calímaco en La mandrágora de Maquiavelo. Los outsiders parece que irán al frente y por atrás, lo más Casta de la Anticasta se encarga de darle la otra pata a la potencialidad del mundo mediático y digital.

En el armado del Partido Libertario, aparecen tres lógicas distintas que tendrán que confluir necesariamente. En el juego de sus potencias, veremos qué lugar le queda a cada una. 

Por un lado, los halcones. Por el otro, las palomas. Y por último, los gorriones.

Los primeros, son los menos conocidos pero más palpables, esos que se encarnan en el pensamiento. La influencia de Milei en el discurso y su orquesta. La lectura del momento social. Él es el único que puede decir que todo es una mierda. Y al mismo tiempo proponer futuros irrisorios donde la gente venda órganos o compre armas al por mayor. Esa velocidad insoportable desconcierta, se viraliza y  alimenta dos polos: fanáticos e indignados, por derecha y por izquierda, son lo mismo. 

El punto a favor de esta moneda de cambio. Milei es el dueño de la exaltación en una época de exaltados. El resto sigue sus pasos.

Los segundos, son los necesarios. Esos que hay muchos, se pelean por lo poco y están en todas partes. Se reproducen con una miga de pan pero son menos expuestos por estructura, van tras el telón. Los expertos en sacar pecho para pelear por migajas y dividir el terreno. La refundación, cada cuatro años, del PDP en su máxima potencia. Las comunas donde todavía se vota a dedo. Los que oportunan. Entre ellos Bonacci y su círculo de influencia. El instrumento fundamental. Si los halcones se encargan del temor, las palomas se encargan de la conveniencia, que es de alguna manera, convivir. Los armadores son los encargados de transformar en cercanía todo aquello que parece lejos. Siempre convienen.

Los últimos, los gorriones, esos que sueñan con ideas. Una abogada retirada del ejercicio, profesora de la UNR, que pone la casa de su madre para armar un partido político. Un joven que trabaja en un minimarket y usa sus ratos libres para mapear la provincia y conseguir voluntades. Otro que abre la puerta y lleva los papeles de acá para allá. La cosa común. Ciudadanos de a pie. Gente que busca gente. En fin, la política. Eso que sigue pasando mientras todos gritan.

Qué susto ver al suelo hundirse antes del salto

Hola. Otro lunes, pero este es especial. Se cumplen dos meses de nuestra primera siesta. Durante estas nueve notas, quisimos pausar la prisa de los lunes.

Hoy llevamos al paroxismo esa costumbre. Hoy queremos hablar del elefante en la habitación: la inseguridad. Que en Uganda es una crisis del susto.

Para escribir este texto le pedimos ayuda a nuestros amigos los libreros. Mezcla de jefe de cátedra y penúltimo almacenero, ellos toman como nadie la temperatura intelectual de la época. Por eso fuimos al Juguete Rabioso, Paradoxa, Oliva y El Trocadero. En cada lugar nos recomendaron uno de los libros que componen esta producción, permitiéndonos hacer sinapsis, linkear y cruzar data, y, en lo posible, construir pensamiento. Vamos.

Lo que puede un cuerpo

Hace rato que en Uganda la ficción no es competencia de la realidad. El asombro se va perdiendo en las profundidades del susto.

En El cuerpo del delito, Josefina Ludmer, historiza la literatura argentina a partir de cuentos que tengan como tema al delito. El crimen es para la autora instrumento de crítica literaria. Desde la violación en manada de El Matadero de Echeverría a la estafa que significa todo el proyecto creativo de César Aira. 

Ludmer dice, en el programa de su manual, que el cuerpo del delito no es un conjunto de autores y cuentos arremolinados como entidades autónomas, sino un corpus organizado en un gran espacio-tiempo, que termina por definir una cultura. Nos tomamos una licencia para reemplazar las palabras “cuento” y “manual” por las palabras “hecho” y “ciudad”, y decimos: lo que ordena el funcionamiento de Uganda es el crimen.

Fundada como posta de caminos, enseguida se transformó en el centro de contrabando que sigue siendo. El único cambio lo que vendieron: primero fueron bienes muebles, después vino la trata, y en el siglo veintiuno se agregaron los cereales y las drogas.

Pero hoy la cosa se desbocó. El orden está desordenado. Ningún sector del crimen o de quienes debieran combatirlo logra imponerse. No hay un programa que unifique el corpus de los hechos. En el medio quedamos los ciudadanos, lectores pasivos de un manual macabro. 

cs_uganda 

El monopolio de la violencia está en subasta y la puja la van ganando los pequeños inversores.

Estamos bajo el azote del sustismo. Es este un hermano menor del terrorismo. No hay estructuras complejas ni grandes capos transnacionales que amenazan la ciudad desde sus márgenes. Su forma organizativa rara vez excede el tercer grado de separación. Pero de igual forma las calles se vacían y todo el mundo anda procurando no recibir el número ganador en la lotería de la anomia«Esto no es vida” se dice en Uganda frente a cada muerte. Luego, la encogida de hombros: si el miedo paraliza, el susto obliga a seguir.

Hay un movimiento “Sé tu propio Jefe”, versión cabeza. Emprendedurismo criminal. La iniciativa privada del fondo de olla. Se entremezclan hijos de, nuevos ricos y gente anónima con ganas de ganar guita o prestigio, que aprovechan la oportunidad e inician su propia Pyme ilegal. Y lo que venden no es tanto droga, sino, y sobre todo, susto. De ahí obtienen su plusvalía.

Sayak Valencia, en Capitalismo Gore, se pregunta hasta qué punto el repudio al negocio de la violencia no ayuda a fortalecerla. Se sabe: no existe la mala publicidad. La condena que el Círculo Naranja sobreactúa, sin atacar las bases que permiten el florecimiento de estas empresas criminales, ayuda a apuntalarlas. Repudio y condolencias no se niegan a nadie.

Es una ficción ciudadana podrida desde los cimientos. Sin los flujos de dinero taca taca provenientes del crimen organizado, nuestro aparato económico se derrumbaría. Sin las oleadas de robos y asesinatos y su saldo convertible en influencia, el curro no vale la inversión. Sin el susto que la atraviesa no se comprende por qué Uganda está ahogada en un vaso de agua, tan turbia como el Paraná.  

Estado sin estaño

El primero de mayo se incendió la Secretaría de Desarrollo Humano de la Municipalidad de Rosario. La pericia encontró rastros de un líquido inflamable entre el mobiliario achicharrado. El día anterior, Martín Stoianovich había publicado una nota en la que contaba sobre el comedor comunitario que Ariel “El Viejo” Cantero apadrinaba en la Vía Honda, con asistencia del Estado Municipal.

Cualquiera pensaría que la ecuación es simple. Un 2+2. Ojalá. Lo que ocurrió fue, tememos, algo peor que un crimen. Fue un error.   

Parecería que nadie en el Municipio sabía que estaban brindándole ayuda a Cantero para darle de comer a una villa. Y que nadie, ni en el gobierno provincial ni en la Justicia, consideró pertinente advertir que uno de los sindicados narcos más peligrosos del país, recientemente detenido en un operativo espectacular, era además un referente barrial que administraba indirectamente recursos estatales.

Que el Viejo, más allá de sus delitos probados y por probar, esté en su derecho, como cualquier ciudadano, de realizar proselitismo, es otra discusión. Pero si los sustistas tienen de rehén a una ciudad entera es, sobre todo, por la falta de inteligencias.

Insistimos en el plural. Faltan o fallan aparatos estatales que recopilen información, la centralicen y la pongan a disposición de quien corresponda. Tampoco existe astucia para entender la realidad que se administra. Como Yerry Mina frente al Dibu Martínez, se exagera una situación manejable. Y a la hora de rendir todes se van diciendo yo no fui. Hay políticas de Estado, pero faltan políticas de estaño.

Es esa cualidaden apariencia intuitiva, que Jauretche denominó estaño, la principal carencia de quienes están a cargo de hacernos sentir seguros. Hay funcionarios que son bichos. Pero colapsados por lo urgente, reventados por la agenda de la política para políticos, se les calcifican sus capacidades. 

Con apenas un grabador y su olfato periodístico, Stoianovich, autor del libro de crónicas Quién cavó estas tumbas, describió una falla estructural del sistema político de Uganda.

En la selva se escuchan tiros

Teniendo esto en cuenta, se entiende el por qué de la inacción de los distintos gobiernos.

Desestimamos el mp3 de Señor Cobranza. El decir que todos coaccionan. La indignación frente a los que son socios en la joint venture de esta jungla. El sentido moral de ese tema, con sus absoluciones o condenas, es ajeno a estas líneas. 

Hablamos de aquellos que en verdad se preocupan, pero no se ocupan. Es que no podrían. El juego en el que estamos escapa a la lógica a la que está acostumbrada la política. Porque no hay campos definidos. Las víctimas del sistema, adoradas por el garantismo, en Uganda se vuelven victimarios. Los guardianes de la ley son sus principales transgresores. El lucro sustista es un gordito dueño de la pelota: rompe toda regla incluyendo las que impone.

Se vuelve necesario otro enfoque. Y conlleva algo que no abunda: tiempo.

Porque mientras tanto se radica un nuevo problema. La materia no tolera el vacío. En un cuerpo, si un órgano es incapaz de funcionar, otro intenta reemplazarlo. Casi siempre fallará, cierto. No importa. La especificidad no determina el ejercicio. 

En Linchamientos. La policía que llevamos dentro distintos autores tratan de abarcar los casos de eso que se llama justicia por mano propia, y lo que queda claro es que eso es una categoría válida. Se trata en última instancia de lo inefable: gente común transformándose en asesinos. 

Batman es efectivo como relato porque es uno solo. Porque es un millonario trastornado. Decenas de laburantes amasijando a un choro escapa a toda regla o marco de comprensión. Y la cosa ocurre también a la inversa: cuatro delincuentes matan a un policía en un control de rutina, y nadie sabe qué pasa a continuación.

Dijo el poeta: de los laberintos se sale por arriba. Qué susto ver al suelo hundirse antes del salto.


Títulos, autores y beneficios

Como parte de nuestra comunidad lectora, durante el mes de junio podés conseguir con descuento los libros que componen el estado del arte ugandés.

El cuerpo del delito, de Josefina Ludmer tiene 10% de descuento en El juguete rabioso.

Capitalismo Gore, de Sayak Valencia, tiene 10% de descuento en Paradoxa.

Quién cavó estas tumbas, de Martín Stoianovich, tiene 10% de descuento en Oliva.

Linchamientos. La policía que llevamos dentro, compilado por Ariel Pennisi y Adrián Cangi, tiene 10% de descuento en El Trocadero. 

¿Dónde anduvieron todos estos años?

Buena siesta, ¿Cómo estás?

El fortalecimiento radical lleva a dudar. Sin la centralidad temática del peronismo como obsesión de peronistas y antiperonistas, el radicalismo es la contraparte que siempre estuvo ahí. El resurgimiento es un fenómeno de alcance nacional, pero con peso propio en Uganda

Para contar esta historia en serio, hay que ir hasta la laguna de Setúbal en 1969. Cuando un grupo de jóvenes fundó la Junta Coordinadora Nacional, una fracción de izquierda democrática que rechazó la lucha armada, pero se ordenó en torno a la Contradicción Fundamental. 

Foto

¿Quiénes fueron? Los que, quince años después, constituirán el núcleo vigorizante del alfonsinismo. Esos que con las ciencias sociales vencieron a la razón militar. Una formación triunfadora para enfrentar con Ciencia y la Cultura a la Religión y las Armas. Adobadas, éstas, con los pactos burocráticos-sindicales. El esquema conceptual de la democracia o la dictadura

Las cuotapartes ideológicas podían repartirse entre el desarrollismo de Sylvestre Begnis y el encanto institucional de Arturo Illia. Al romperle a Balbín en los primeros setenta, lo que traía Alfonsín al Movimiento de Renovación y Cambio, calzó perfecto con la influencia sesentista de la Franja Morada y el ascendente de la Coordinadora. 

En el cierre de la campaña de 1983, Alfonsín recita el preámbulo de la Constitución ante una multitud conmovida. En un país deficitario, endeudado y de salida del horror. Se enfilaron los intelectuales repatriados, los laicos esperanzados, los revolucionarios que adoptaron la socialdemocracia europea, y el país de clase media sensible al sentimiento peronista, pero que odia las estructuras fundamentales del justicialismo. Hasta mediados de 1987, meses más, meses menos. 

Los protagonistas de esta parte de la historia son los que hicieron crecer el nombre de los ochenta como una herencia. Niños de la democracia que fueron jóvenes con fervor antimenemista y, en la década kirchnerista, hicieron carrera, entrecruzados, en los think tanks del Estado: los Parlamentos, la Justicia y la Universidad.  

El alfonsinismo, esa vocación de mayorías boina blanca, no decantó electoralmente en nuestra provincia. Ganó el de Chascomús en Rosario, perdió Aníbal Reinaldo la gobernación de Santa Fe. Por un punto y apagón contra José María Vernet, contador de la UOM. 

Fueron una realidad de la idiosincrasia, un bien de familia. Los radicales le dieron la vuelta al cancionero de la democracia con frenesí intelectual, rock y la iniciación en los negocios públicos. Y cargaron con el vanguardismo metodológico como una nostalgia. La némesis menemista que asedió su pasión progresista y su antiperonismo formativo. Esa euforia por la llegada teórica y definitiva a la Internacional Socialista.   

Detrás de las multitudes cívicas del 83, estaban los artistas y los intelectuales intransigentes, los entusiasmados con Alende, los comunistas enamorados de la técnica de la democracia, y los que perseguían el único ideal de ganarle al peronismo.   

La dirección iba de la ciudad universitaria a la provincia sin universidades. Y ofrecía la condena a los noventa como un marco teórico para el reencuentro en la Alianza. Hasta la bancarrota del 2003. 

La derrota pareció cultural. Y alguno de esos jóvenes, siguieron la secesión de Carrió. Se pusieron a cavar en la franja ancha del progresismo. Que encontró en la Uganda no peronista, una combinación idónea de factores políticos, financieros y creativos. Una sociedad civil para explicar. 

Pero se dispersaron. Otra vez, tiró el caballo provincial adelante, y el alma nacional tiró para atrás. 

El último gobernador radical asumió hace 60 años. Y ya nadie le tiene fe al Frente Progresista. Ahora, la UCR llama a todos los libres del mundo contra el peronismo. La geografía regional del radicalismo intenta sintonizar con el envalentonamiento nacional, guiado por el arte nosigilista de la sobrevivencia traído de aquella Coordinadora. 

Todos estos años, cuidaron una paciencia estratégica. La frustración del 2001 les costó 15 años. Y de la frustración ajena supieron alimentarse. La vía javkinista al larretismo persigue el sueño de un Primer Gobierno Alfonsinista para Santa Fe.

Aunque la simbiosis de buenas ideas y arquitectura habilitada, es asunto principalmente del Puerto. En las demás localidades, el músculo lo ejercitan más al expulsar a Saín. Los modales de la Transversalidad tienen sus costos. En el 2007 se materializó en la provincia con un papel secundario. Como en 2015 en la nacional. 

Al ser nacional, el radicalismo implica una épica de los equilibrios. Una utopía para la gestión de tareas sin romper la comunidad. Como en la zamba de Ariel Ramírez, “dicen que andan diciendo que en los comicios nos ganarán, estos ni se imaginan que hasta las piedras son radical”.

Homenaje a Raúl Alfonsín en el Foro Cultural

Ahora, con ganas de revancha, luce sus genes de partido de poder. Con arraigo territorial, experiencia de gobierno y conocimiento de las nociones instrumentales del Estado. El sentimiento profundo del país que se organiza en instituciones y contratos. 

Acá están, pero ¿Quiénes son?

Pablo Javkin, con el templo de la UNR gobernado por Franco Bartolacci, el Buen Rector, con la pragmática de la contención, y el temperamento legislativo de María Eugenia Schmuk, intenta cerrar los cuadrantes de Uganda en sus inmediaciones.

Pero está la otra Fe. Y ahora hay candidatos del afuera que pretenden entrar a la Ciudad. 

Pullaro, desde el Sur, donde el radicalismo se hizo proverbial, anduvo a la zaga de los médicos socialistas y el ingeniero sutil rebotero de área. Es el exministro de Miguel. Desafiante como cuando el intendente Usandizaga denunciaba fraudes. Con los códigos de la autoridad. Tiene peso legislativo y la presidencia del partido provincial. Es el primer hincha del Frente de Frentes.  

En esa misma fe abreva Carolina Losada. Con el nombre académico del Litoral. Y ayudada con la compañía de un intendente del Norte, Diosinio Scarpin. El Wellington de ese Waterloo que fue el affaire Vicentin. 

Eso en la superficie. Para contar esta historia verdaderamente en serio, hay que decir que el radicalismo de Uganda es interesante porque los personajes más atractivos no están en el centro de la escena. Uno: Julián Galdeano, como positivista lógico que es mejor haciendo que siendo. El otro, el diputado Ariel Bermúdez, el Evangelio según el Facha. Encarnan el Verbo radical: están. 

Es cierto, no alcanza el newsletter para toda la historia. Como tampoco la siesta para un buen sueño. Así que la seguiremos en otra ocasión. Que tengas una buena semana.