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Mapas, territorios y espejos astillados

Bajo la cortina de plomo y humo, ¿cómo se mueven las fichas de cara al 2023? Entre los muertos de cada día, ¿cómo se negocia el poder cuando ya no hay con quién negociar?

Fotografía de Mariano D

Por Mariano D'Arrigo 12 de octubre

Si bien conducir es convencer, hacer política es, sobre todo, conquistar. Votos, cargos, bancas, lo que sea que esté en disputa. Los lugares que no se ocupan lo ocupan otros. 

¿Qué mapa está mirando la política rosarina en este año par?

En una ciudad donde la expansión de la frontera inmobiliaria es una política de Estado, pareciera que los únicos que pulsean por el territorio son los narcos que maratonean con El patrón del mal y tienen el póster de Pablo Escobar pegado en la pared descascarada.

Son los que toman el espacio que el Estado, resignado e impotente, deja vacante. Los protagonistas de un negocio que fluye entre el centro y la periferia pero que, a diferencia de Córdoba o Buenos Aires, está cada vez más balcanizado.

No existe el doble pacto que cuestionaba desde la academia Marcelo Sain -la política delega en la policía la seguridad, y la policía regula el delito- porque no hay con quien negociar. Estado mínimo y mercado competitivo: el sueño libertario produce monstruos.

Por su lado, lejos de los búnkers y las detonaciones, hombres de negocios y armadores políticos también juegan sus fichas en su TEG. La ciudad multicolor. El centro, Puerto Norte y Fisherton, de Juntos. Los barrios de clase media, del Frente Progresista. Y los barrios populares, del peronismo.

Detrás de escena, armadores, operadores y estrategas -los que hacen el trabajo sucio para que los dirigentes se lleven los flashes- escriben en la mesa de arena la hoja de ruta hacia un 2023 cercano pero todavía borroso.

¿Qué hace un consultor político cuando no hay elecciones? “El laburo es el mismo, trabajamos mucho el posicionamiento. La pregunta es cómo hacemos que los políticos se instalen en el año en que la gente los mira menos”, responde un especialista con varias campañas sobre el lomo.

Como dice Bourdieu en La representación política, “el campo político es (…) el lugar de una competencia por el poder que se realiza por intermedio de una competencia por los profanos o, mejor, por el monopolio del derecho de hablar y de actuar a nombre de una parte o de la totalidad de los profanos”. 

El capital político, dice el mismo sociólogo francés, es una forma de capital simbólico, crédito fundado sobre la creencia y el reconocimiento sobre personas y objetos. Con estructuras políticas e instituciones rodeadas por la desconfianza, no parece casual que la política se llene de periodistas. De aquellos a quienes no hay que instalar en la opinión pública. Los que inspiran confianza. Los que son conocidos, reconocidos y re-conocidos. Rosario, cuna de outsiders.

El consultor olfatea una paradoja. “Por un lado, hay mucho enojo con la política. Pero los temas que más preocupan a la gente, como la seguridad y la quema de islas, sin política no los puede resolver nadie. A la vez, son demandas muy fáciles de expresar, que generan movilización e interpelan muy fuerte a toda la dirigencia. Hay que ir con cuidado con la antipolítica, porque la gente ve qué políticos se mueven y cuáles no”, dice.

¿Y vos, qué hiciste para que no nos maten el humo o el plomo?

¿Cuándo se jodió Rosario? Podría ser cuando en pleno boom de los commodities se empezaron a armar los fideicomisos donde hoy convergen fondos de dudoso origen. Cuando los gobiernos subestimaron los problemas, muñequearon y cuando habían crecido ya era demasiado tarde. Cuando mataron al Pájaro Cantero y subió Guille; en clave El Padrino, mataron a Michael y ascendió Sonny. Las balas agujerean personas y edificios. Pero también relatos. Ningún storytelling, gubernamental o partidario, sale indemne.

Según el INDEC, una de cada dos personas menores de 14 años y cuatro de cada diez de entre 15 y 29 años estaba en el primer semestre por debajo de la línea de la pobreza. En ese escenario, con una inflación de tres dígitos y el trabajo precario como única salida, el ejército narco de reserva es inagotable. 

La cuestión es qué hace la política con esta realidad exasperante y ante la cual no parece tener el instrumental necesario ni la competencia -funcional o de expertise- para intervenir. La cantidad de fotos, videos y hashtags en las redes, monitoreadas minuto a minuto, es inversamente proporcional a las soluciones. Se multiplican las escenas, reservadas y públicas. donde la política se habla a sí misma.

Sin el estatus de capital de provincia ni fecha de fundación, Rosario se creó a sí misma. En ese camino, inventó su propio sistema político: a las expresiones nacionales les sumó experimentos locales exitosos, como el propio Frente Progresista, Ciudad Futura y ahora Miguel Tessandori. No es necesariamente que el electorado esté más desregulado que en otros grandes centros urbanos, sino que encuentra más oferta en la góndola. 

Sin embargo, ese ecosistema podría estar en peligro por la topadora nacional. Tanto por la agenda -por ejemplo, por la centralidad de la cuestión del transporte, que depende de la distribución de subsidios de los otros niveles de gobierno- como por el calendario: si las elecciones locales son finalmente en septiembre se superpondrán las campañas para presidente, gobernador, intendente y legisladores.

Más allá de que todos se frotan las manos ante una elección que ven ganable no todos parten en igualdad de condiciones. Una hipótesis: la sangría de apoyos que sufren las administraciones peronistas, el loop de violencia urbana y los incendios en las islas dejan mejor parados a aquellos candidatos que puedan levantar la bandera del orden y que no estén asociados a los gobiernos en curso.

“El desafío es hablarle al ni-ni, el ‘ni me interesa, ni te escucho’. Es un público mayoritariamente joven, despolitizado, pero que está evaluando a la política a ver si alguien puede producir una mínima mejora”, observa el consultor.

Todavía no está claro el formato de la competencia. Por ejemplo, qué equipos saldrán a la cancha: si se arma -todo parece indicar que sí- el llamado Frente de frentes, si Ciudad Futura acuerda con el peronismo, incluso, si Milei logra hacer pie en Rosario. Pero tampoco los jugadores: no será lo mismo si Pablo Javkin va por la reelección o pelea por la gobernación, o si Marcelo Lewandowski decide bajar a Rosario a pelear por la intendencia, algo que hoy parece frío.

Lo cierto es que la política se asoma al 2023 con una fuerte impugnación de la sociedad. Según el último informe de la consultora Inmediata, realizado en septiembre, el gobierno municipal tiene 68% de imagen negativa, 78% el provincial y 83% el nacional.

“Después de 33 años, el ciclo progresista en Rosario llegó a su fin», asegura un dirigente opositor que mide la temperatura para tirarse a la pileta el año que viene. “El rosarino se cansó de la tibieza, de que no se tome ninguna decisión en transporte, en seguridad, en orden urbano”, concluye.

Para la política rosarina el desafío es mucho más difícil que acomodarse a los vientos ideológicos. Si representar es encarnar un nosotros, y a la vez presentar a un otro ausente en el ámbito de la decisión, ¿cómo se representa una sociedad fracturada y fragmentada? 

Y, peor aún, ¿Cómo se la gobierna?

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Fotografía de Mariano D
Escrito por Mariano D'Arrigo

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