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Quién va a ordenar todo este lío

Buena siesta. Es una alegría que podamos encontrarnos por acá. Espero que nos llevemos bien. La única condición es no tomarse las cosas muy en serio. En este juego, el que se enoja, pierde.

Fotografía de Lucas Paulinovich

Por Lucas Paulinovich 25 de abril

Buena siesta. Es una alegría que podamos encontrarnos por acá. Espero que nos llevemos bien. La única condición es no tomarse las cosas muy en serio. En este juego, el que se enoja, pierde.

Una Casta sin swing

¿Cuántos de los que están leyendo esto, que, a priori, se supone gente medianamente informada o interesada, pensás que conocen al secretario de Hacienda municipal? ¿Cuántos pueden nombrar más de cinco concejales? ¿O decir cómo piensan, qué hicieron, para qué están?

En Uganda, con su larga tradición de ilegalidades, es costumbre no preguntar demasiado de qué se vive, el origen de los fondos o la identificación política. Son detalles que, en general, importan poco. Salvo que uno pertenezca a ese minúsculo grupo que compone la élite local. Ahí donde la pregunta es: ¿A quién responde?

Más que Círculo Rojo, la coloración rosarina mengua hacia un deslucido Círculo Naranja. Para la simplificación teatral, debería decirse que está compuesto por:

a) un plantel Político, con funcionarios y empleados públicos

b) uno Mediático, con periodistas recolectores de pauta y correveidiles

c) uno Empresarial, hecho de financistas con poder de veto; y

d) uno Académico, con librepensadores de suscripción partidaria.

Estos cuatro planteles se ubican de forma aleatoria en los cuadrantes que nombramos en nuestra primera edición. Pero ninguno se reconocerá parte. Los unos porque sueñan con proyectarse en el Círculo Rojo capitalino, que ofrece cargos de verdadera relevancia. Y los otros, porque aplican la estrategia de negación: hacen de su rechazo una forma de pertenencia. Son lo que no es, aunque están.

Mientras tanto, por fuera de los consumidores de versiones, declaraciones e internas, se abre el desierto de los votantes. Los acusados, con ceño meditativo, de antipolítica. O analizados sesudamente como fenómenos sociales.

La distancia es tal que fundamenta las exageraciones de los que posan de outsiders y hablan de casta. También son parte, éstos, de la Casta. Como los que pronostican futuros venideros de renovación política desde hace una década, con el desgaste de una promesa demorada y una juventud que se arruga. O los que se dedican a evaluar amenazas para el sistema democrático. Una democracia que, con buen criterio, desde hace varios años, los mantiene. 

Es que la casta no existe, pero que la hay, la hay.

Una política para políticos

¿Qué hace una élite? Intenta forjar una Época. Y en la nuestra, lo que se destaca es el logrado maridaje boinablanca entre facultades: Derecho y Ciencias Políticas. 

Es la procesión radical hacia el Templo laico de la UNR, con la vertiente encabezada por el intendente Pablo Javkin, que ambiciona un salto provincial. Como el que otrora lograse el socialismo excesivamente rosarino. La estructura territorial, en este caso, es propia. Más allá de los resquemores internos, subsanables con el compromiso de futuros repartos de áreas y algunas visitas comunales.  

Hay también otros radicales que evitan las delicias del progresismo, pero son igualmente rosarinos. Tienen en Julián Galdeano al poeta. Y en Carolina Losada, la inspiración. Acarrean un pasado frentista con giro hacia el otro lado. Y se adaptan mejor a la conversa con los representantes de tierra adentro. Donde el sello UCR amontona simpatías y comités.  

Desde los enclaves del sur fragua su influencia Maximiliano Pullaro, exministro de Miguel Lifschitz. Con actitud de pionero para la construcción del Frente de Frentes. Aunque, en la ciudad, hay lugar para un solo triunfador por pueblo. Y en representación de Hughes primereó Nacho Scocco. 

En el peronismo, que se volvió un partido con vocación de partirse, las paralelas conducen a destinos opuestos. El entrecruzamiento puede llegar a marear. En el revoltijo nacional, aún entre compañeros deben consultarse para saber donde se está ubicado: ¿A este lo bancamos o no?

Con referencia en Agustín Rossi, se inserta el albertismo neonato. Con el ímpetu del enojo y la convicción del despecho, plantea la enésima batalla en su fascinación redentora. Esta vez, con otro eventual candidato: el diputado provincial Leandro Busatto.

En una zona intermedia, La Cámpora exhibe al cristinismo sin lugar a dónde ir, a falta de un Tercer Cordón propio. Las utilidades de la administración son una hoja afilada. Como el nene que no se va de casa y sigue vaciando la alacena de mamá. Alrededor, se convocan los simpatizantes sin pertenencia (o de agrupamiento sin suma), atraídos por la figura emocional de la expresidenta. 

Y por el otro lado, el perottismo, con su método del secreto y la Mesa Chica, es un animal de difícil nacimiento. Confiado en la mudez como herramienta, creyó que generaba autoridad, y perdió el control. Por las carambolas de una realidad impredecible, quedó más cerca de Cristina que los cristinistas. Y más de lo que hubiera imaginado (o deseado).

En rodeo propio, Perotti no fue toro: se topó con la franqueza de la realpolitik santafesina. La referencia africana que inspiró el nombre de esta revista. Y para ser torazo en rodeo ajeno, primero hay que mandar en casa. Aceptó la llegada del Ministro extranjero que traía Ideas. Perdió, consumido entre bravuconadas de reformismo iluminista. Y se quedó con los Hechos.

Se dice que (ahora sí) se ordenó la Interna Peronista. De la peor manera: blanqueando contradicciones insalvables. Hay una certeza tan vieja como el poder: ordenar no es resolver. 

De las vías abiertas, hay una cuenta personal con privilegio de etiquetado. Marcelo Lewandowski, la Última Esperanza, con terminal bielsista. Disponible llave en mano para perforar la muralla de votos céntricos que le impide al peronismo conquistar la Ciudad Negada, o al menos contar con alguien competitivo para la Provincia. 

La ciudad aclimata la búsqueda de una experiencia de Alfonsinismo Tardío para Santa Fe, la Provincia que no lo tuvo. (Coronados de Vernet, en próximas entregas).

De ese epifenómeno de la política rosarina llamado Partido Socialista, habrá tiempo de hablar en otras siestas. La tarde apremia: mientras la superestructura compite, el poder de base está solo y espera.

La Transmigración de las Almas Políticas

Hay un fenómeno rosarino, del cual es víctima preferencial la clase media de condición porteña, con grados variables de ilustración y conectividad. Donde rige la filiación telepática: se vive en Rosario, se milita sentimentalmente en el AMBA o en CABA. Con el apotegma: Niega tu aldea y te parecerás a lo global. 

Así, la política solo le interesa a los que están en política. Los militantes que se militan entre sí. Los estudiosos que profesan la fe en la explicación y creen que entender es actuar. Y los plateistas cuya forma de acción política consiste en tomar posición ante una discusión televisiva. O los pescadores de becas con entonadas luchas para colecciones universitarias. 

La política de “debates” que son devorados glotonamente por lectores de columnas dominicales. Y se resuelve en apasionados forcejeos dialécticos que pueden escalar hasta el encontronazo de panel con final en una suculenta cena regada por un vino de calidad para semejantes paladares argumentativos. Y una ironía implacable en Twitter como mísero postre. 

Al fondo del cuadrante, hay una ciudad en la que nadie confía en nadie y la fe es un pan rancio. La política para políticos es una con el ombligo sucio de las dirigencias cafeteras y la obnubilación automilitante. Lo suyo es la justificación perpetua de las derrotas. Para la gente que (no) lo mira por TV.

La cuestión es indignarse para sentir, así, algo de vida. La crisis social producto de la violencia es causa o prolongación de la crisis económica que, a su vez, viene o va hacia la crisis de representatividad. Como un grito. Es la verdad que salió de la boca de Analía Boccaci, aguda pensadora contemporánea: no me representan.

Esta primera entrega, tal vez se hizo larga. Tómala como una presentación. Había que darles nombre a algunas cosas. Ojalá no te hayas aburrido. Para la próxima, prometo ser más breve. Nos leemos la semana que viene. 

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Fotografía de Lucas Paulinovich
Escrito por Lucas Paulinovich

Lucas Paulinovich (1991) trabaja como periodista desde los 16 años. Formó parte de la revista El Corán y el Termotanque. Escribe sobre política y economía agroindustrial en Suma Política. Publicó los libros A las 7 en el sur hirviendo y Pampa Húmeda.

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